Siempre he oído que «un clavo saca a otro clavo»

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Siempre he oído que “un clavo saca a otro clavo”, pero la verdad es que no soy partícipe de ese dicho, desde mi punto de vista lo que me ha hecho sentir una persona no me lo va a volver a hacer sentir otra. Cada persona es única y a su manera.

Lo que sí es cierto es que cuando te enamoras de verdad de alguien ( y no a trocitos) y salen mal las cosas, no te queda otra que esperar. TIEMPO, el tiempo es realmente lo que cura los corazones y eso es de lo que me di cuenta aquel día cuando decidí que lo que había entre nosotros no tenía sentido.

Tú tan libre y yo tan tuya, tan ilusa que cegué, pensé que tus palabras podrían dar un giro, que tus ganas de vivir podrían verse atrapadas por mis brazos, por mis besos, por mis sonrisas… Por toda esa alegría que conseguías provocar en mí sin apenas mediar una palabra. Sólo con tu presencia.

De verdad que llegué a pensar que algún día conseguiríamos formar algo estable, tan mío tan tuyo, sin evadirnos del mundo ni de nuestros amigos, como tanta otra gente es incapaz de hacer. Algo tan nuestro que impresionase desde afuera… Pero desgraciadamente me equivoqué, como tantas otras veces resultó ser un dichoso juego del que tú sacabas demasiado beneficio y caí en la cuenta de que nada tenía sentido. Tú aparecías cuando te aburrías, cuando decías no estar cansado, cuando decías que “no todo iba a ser trabajar”. Y yo… Yo sufría con cada día que pasaba, con cada contestación tuya rechazando quedar, vernos un rato, poder tomar un simple café en tu compañía, contarnos el día, la semana.

Al fin reuní valor, el suficiente para darme cuenta de que aquello no era bueno, que lo que un día comenzó con un “puedo robarte un beso” y siendo ambos conscientes de que era únicamente compañía mutua lo que llevábamos a cabo, acabó con una chica enamorada que pasaba más días llorando que luciendo la sonrisa por la que tanta gente la conocía, y un chico que decía quererla y tenerle aprecio pero que a la hora de la verdad lo único que quería, era sexo.

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Decidí conocer personas, darles una oportunidad a aquellos que en su día insistieron tanto en querer saber de mí, otras aparecieron sin avisar consiguiendo que les aceptase y cogiese cariño. No te preocupes, un clavo saca a otro clavo. Yo seré ese clavo”, me dijeron…

Tú surgías en cada pensamiento, en cada canción, en cada lugar que visitaba y en el que habíamos estado un día. Tú y tus recuerdos aparecían volviéndome a la realidad, dando de bruces conmigo y destruyendo aquel muro que tanto trabajo me había costado forjar meses atrás. Comprendí, dejando a un lado mi necedad, que con cada clavo que me clavaba tú te hundías más adentro. Entre lágrimas te dije adiós, quizá fue lo mejor que pude hacer, pero tiempo después aún albergo la duda. Creo que he conseguido avanzar dos pasos y entonces vuelvo a verte, tan inesperadamente como siempre, vuelves y entonces comprendo que no he avanzado dos pasos, sino que he retrocedido cuatro.

Definitivamente aún sigues doliendo ahí, donde otros no han
conseguido llegar.