Queremos ser invierno

0

Necesito confesarte una cosa: A veces salgo a la calle y comienzo a darme cuenta de que algo me falla.

Son mis pies. Me gritan, pidiéndome que no detenga mi ritmo; me están dando el aviso de que no desean sucumbir más a la pausa del tener que superar romances absorbentes. No buscan rostros; no buscan «tener que«;   no quieren complacer ni que los frenen más lapsos de tiempo-espacio, de esos que se clavan en los talones.
De esos, que en el pasado les impidiesen andar. Mis pies no ansían cuerpos. No ansían complacer con sus mejores galas a nada ni a nadie. Lo siento, pero lo que realmente mis pies agradecerían es otra cosa. Se trata de reversos emocionales. De ganas de sanarse. Alas inmensas. Que no quieran conquistar nuestro pedacito de alma.
Mis pies y yo queremos espejos en la mirada de otros pies que no quieran sabotear nuestro camino; que solamente quieran reflejarse y volar en la misma órbita que nosotros. No queremos pieles perfectas ni complejos camuflados de fachadas físicas. No queremos gente que se deshaga cuando le pidas que ponga palabras a su emoción, que frivolice ante el lenguaje de un poema, que nos tache de abstractos.

No queremos que nos nieguen por no caber en un plan estructural. No necesitamos perdernos en la mirada triste de quien terminó por ahogarse de todo aquello que en su día no supo llorar. Que nos amaguen con ahogarse en nosotros ni nos sientan su salvación o su amenaza.
No más baldosas rotas. Mis pies y yo no queremos ponerle precio a mi piel, candado a mi risa. No queremos sentir la irracionalidad sobrevolar nuestro futuro y condenarnos los sueños al frío del exilio. No queremos ser calor.
Mis pies y yo queremos ser invierno. Invierno, del que te envuelve con su manto y te dirige hacia un rincón caliente de ti mismo; pero aún llueve afuera, mientras tú deshojas millones de páginas que huelen a flor cercana a la primavera. Queremos ser nuestro invierno y el tuyo. Nuestro hueco en las sábanas. Nuestro pedido para dos, que dura dos días. Nuestra lista de la compra que nadie nos baja al súper cuando estamos cansados. Nuestras noches para escribirle a la luna lo bonita qué está, rodeada de estrellas, pero sola.
Sabemos que tú no caminas igual. Que tus pies respiran el aire en el cual se mueven los míos y sienten el aroma de aquello que se asemeja al pan recién horneado que un alérgico al gluten entiende por utopía.
Que tus pies necesitan dormir acompañados, recibir los buenos días y dotar de sentido a esa vida rítmica y ordenada que ellos llevan.
tumblr_lq1ehevuX41qgftjno1_500
Que buscan una brújula con el norte mejor definido, una vela siempre encendida que roce lo inerte. Me parece bien que soplen. A tus pies y a los míos la noche les habla de árboles que, de tan enraizados, son tierra y no conocen el verbo andar; cuya esencia ondea al compás del viento y aun así se sienten más vivos que nosotros y con más voz.  Mis pies y los tuyos se parecen en algo; se dicen adiós,la nostalgia les habla  de rosas negras azabache similares a los ojos  de un eclipse.
Y la pregunta clave es, tras todo esto, si ambos creen, aunque ya lo entiendan todo, en el poder de una nostalgia quebrada que empuja hacia el sur cuando caminamos hacia el norte. Si creen en la magia del despertarse un día con la huella curada de tanto daño, y con ganas de pisar diferente. Me pregunto si tus pies y los míos coinciden en creer en la magia de un tropiezo a destiempo; o tan libre como a tiempo. Pero a pesar de todo lo anterior, mis pies y yo también tenemos corazón, por eso exigimos tanto. Mis pies y yo sabemos lo que es pisar barro, no sentir fuerzas para continuar y no ser correspondidos;  y pese a todo te diríamos una y mil veces más aquella frase:

Si no saben volar, pierden el tiempo con nosotros.