Porque sí te puedes casar con tu mejor amigo. Parte I

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Lo conocí hace 11 años, cuando él tenía 17 y yo 20, era un adolescente que se aventaba por las escaleras en silla de ruedas o se ponía un bote en la cabeza y se daba de topes con sus amigos igual de inmaduros que él, que sacaba malísimas notas en la escuela igual que yo; tal vez eso fue lo que nos hizo voltearnos a ver.

De todos sus amigos, era él el que más valores tenía, además de buenos valores tenía una noviecita que conservaba desde la secundaria, sus comentarios hacia ella eran ante una rotunda fidelidad, cuando a  los 17 años lo que quieres es conocer, probar, sin embargo eso no era algo que le quitara el sueño, era muy feliz pasando el 14 de febrero con sus chocolates y sus globos de osos con corazones rojos diciendo te quiero, platicando afuera de su casa porque su mamá la regañaba si lo pasaba, no vayas a faltar el respeto a la casa, ni intentes toquetearla en la sala con las luces apagadas, eso le aconsejaban.

Su sentido del humor era bastante pueril para alguien que ya se hacía cargo de sus propios gastos, que ya había perdido dos años en la escuela y que lo único que le interesaba era terminar la carrera y poder volar, esa que quería volar era yo.

Los semestres pasaron e hicimos buena mancuerna, le gustaba estudiar antes del examen y divertirse todo el semestre igual que yo; le gustaba el rock, le gustaba la cerveza y era pésimo bailando salsa o cualquier otro ritmo que requiriera mover los pies, igual a mí. Nuestra amistad fue intimando tanto que los problemas con su novia los sentía propios y ganas me sobraban para ir y decirle que se estaba equivocando, que él odiaba ir a tomar café a Coyoacán con sus amigas, él quería ir al Doberman a escuchar a “El dos y medio” interpretando a los Bunkers o a Radiohead.

Intimamos tanto que los problemas con mis novios los hacía suyos, me hacía ver lo gañan o mugrosín que podían ser, me veía entristecer, me veía sonreír, me veía decidida a ser fiel, me veía decidida a ser infiel y así muchos sentimientos que pudiera querer hacer entender, pero que solo él podía deducir. Mis novios pasaron uno a uno pero su novia no se movía, tantos años juntos y no había plan,  seguía con ella como cuando todo se mantiene plano, sin curvas sin que cambie nada, todo se mantiene quedo y sin crecer.

Ese confort me enfurecía, para nada lo envidiaba porque sin darnos cuenta, pasabas más tiempo conmigo que con ella, aun en los fines de semana estabas conmigo, riendo y tomando cerveza.