Por favor, no me llames princesa

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Las mujeres del mundo sin duda se merecen todo el respeto y admiración del género opuesto y por supuesto, del propio. Creo yo que más incluso del propio que de los demás, porque si comenzáramos por respetarnos entre nosotras mismas, esté sería un mundo y una sociedad muy diferente.

Comenzaré diciendo que ésta es sólo una opinión personal. No pretendo dañar la susceptibilidad de de nadie.

A cada paso que una mujer da en la vida, debería tenerse como prioridad a sí misma, respetarse y por consiguiente, exigir respeto hacia ella, en cualquier sentido, defender su posición de mujer no como género débil, sino por el contrario, como ser equitativo frente al hombre.

Mujer, nunca elijas ser admirada por la manera en que vistes o por tú físico, no eres sólo un cuerpo y una cara, eres un ser humano completo y por ese simple hecho mereces respeto. Eres una mente, eres un humano auto-suficiente más allá de un sexo; pero sobre todo, llevas un nombre ¡Hazlo valer!

No somos de ninguna manera un genero débil, tenemos suficiente fuerza, al menos si no física, si interior. Somos tan capaces de hacer todo, incluso más de lo que creemos poder. Por favor, mujer, no podemos retroceder un solo paso, cuando de nuestro respeto se trate. Donde quiera que tus pasos vayan, camínalos con mucha dignidad, no te denigres en acción ni personalidad. No necesitas ser un princesa, pero sí una mujer.

Si dices ser princesa pero desmereces mucho el ser mujer, pues no eres consciente de cómo te expresas y te desenvuelves, entonces no esperes que un hombre te respete. Es un hecho que no te respetarán si tú al ver la TV te ríes de los chistes machistas y sexistas.

No puedes  esperar respeto cuando en tus gustos musicales están los temas que denigran a la mujer; no esperes nunca respeto si te refieres a una persona como “güey”; no esperes respeto si tú misma al tener algún incidente de tránsito mencionas… “tenía que ser mujer”, y entonces ¿tú qué eres?; no esperes respeto cuando al creerte princesa te refieres a algunas mujeres como víboras o perras; tampoco pidas respeto si tú misma llamas a otras “putas” o “zorras” solo porque el poco hombre de tu novio, no es capaz de respetarte; tú princesa, no esperes respeto de un hombre al que le has soportado un solo maltrato o infidelidad y lo justifiques.

Tú, no eres una princesa, simplemente eres mujer, como cualquier otra y no esperes respeto jamás, cuando tu solicitud no vaya en congruencia con tu actitud.

Si buscamos trato digno y equitativo comencemos por nuestra propia actitud, si estás plantada en tu postura de princesa, creerás que el mundo no te merece y nunca serás capaz de lograr la equidad. Las mujeres podemos hacer cosas como las siguientes: saludamos con cortesía a los hombres, ofrecemos ayuda cuando nuestra pareja está arreglando el coche, así como a veces solicitamos apoyo en casa, damos una sorpresa a nuestro amigo o novio y lo llevamos a comer y somos las que pagamos la cuenta de vez en cuando.

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Princesas, quítense los tapujos de la cabeza y sean ustedes quienes lleven a los caballeros serenata, regalen flores, díganle a su compañero… Hoy yo manejo; abre en reciprocidad la puerta de ellos desde dentro, eso es un lindo gesto y ellos también sentirán admiración, no sólo respeto.

Son tantas las formas en las que podemos ejercer nuestro derecho de ser tratadas con dignidad y no sólo como princesas, es cierto que somos damas y nos gustan los mimos, pero eso no significa que soy una pelele, que no puedo hacer las cosas por mí misma, que soy inútil o que simplemente existen cosas que no están hechas para ser realizadas por mujeres.

Ya no te mientas y deja de vivir en ése mundo de ensueño en el que creciste. Tú lo puedes todo y no necesitas aprobación. No necesitas que te llamen Princesa, llevas un nombre, dale valor.

La realidad es que los príncipes azules tampoco existen, sólo los caballeros, pero éstos, se presentan en tú vida si eres capaz de demostrar que mereces ese respeto. Tan cierto es aquello de que obtienes lo que mereces y si tú eliges ser indeseable y comportarte de una manera irrespetuosa, insolente o limitante, eso es justo lo que recibirás. O bien si pretendes ser sólo tratada como princesa, créeme lo que lograrás será dar flojera.

No pidas un trato “distinto” creyendo merecer hasta el cielo sólo porque eres mujer, no eres débil, no eres una muñequita de porcelana a la que hay que tratar con pinzas; en tu ser no hay más vulnerabilidad, que solo la necesaria. No estás manca, ni ciega, ni coja para tener que pedir ayuda por todo y por nada. Si eres capaz de usar tacones del número 15, bien eres capaz de quitártelos y atravesar sin ellos un camino de lodo.

No te confundas mujer, no te confundas hombre, habemos mujeres que nos pintamos las uñas pero no tenemos problemas en que se maltraten por arreglar algún desperfecto, usamos falda y tacones pero podemos trepar de un árbol si es necesario, usamos las más caras cremas para las manos, pero no importa si es que nos manchamos un poco de aceite por hacerle el cambio al coche. Nos encanta maquillarnos pero créeme, muchas no tenemos problema en ir cara lavada por la calle.

Por favor, a mi no me llames princesa, no espero que vengas a salvarme de la torre de un castillo; yo puedo irme de él sin problema, a mí sólo trátame como mujer, con equidad, seas hombre o mujer. No me veas débil, porque no lo soy, no me sientas vulnerable porque te puedo sorprender, no desmerezcas mi fortaleza física, porque recuerda que todo es mental.

A mí no me hace más mujer, un corte de pelo, una marca de ropa o un coche último modelo, a mí me vas a respetar porque las mujeres, no sólo hablamos de zapatos, ropa y maquillaje, también tenemos mentes y las alimentamos, somos creativas, ingeniosas y conversamos de cosas profundas.

Así que por favor, no me llames princesa, háblame por mi nombre y trátame con solidaridad, equidad y respeto; y por supuesto, espera lo mismo.

Por: Laura Calderón.