Pierde el miedo y la vida te sorprenderá

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¿Cuántas veces hemos dejado de hacer algo porque nos da miedo? ¿Desde hacer un deporte extremo hasta ser sinceros con lo que sentimos? Con nosotros mismos y con los demás. Yo lo he sido y la razón de eso, creo, es que tenemos miedo a las consecuencias de nuestras acciones. En el deporte extremo (si no es una buena empresa) el resultado puede ser un accidente y con nuestros sentimientos, puede ser el rechazo, el perder, la soledad, entre otros.

En mi caso, me ha dado más miedo enfrentar las consecuencias de ser real con mis sentimientos en vez de tirarme en bungee o hacer cuanta cosa pueda que pone en riesgo mi propia vida.

He callado mil veces, porque sentía que al hablar podían dejar de quererme o equivocarme. También he ocultado cosas por no hacerle daño a los demás, incluso aun cuando eso me hacía daño. Y así, mil ejemplos… Hasta que decidí enfrentar ese miedo y cambiar ese patrón.

No se trata de actuar impulsivamente, sino que tras una reflexión, que fue dura conmigo misma, me abrí a la posibilidad de enfrentar mis sentimientos y exponerlos, consciente de las consecuencias que podrían traer… ¿Y sabes algo? Aun así, la peor de las consecuencias que pudiera suceder, mi corazón se sentía tranquilo.

Y así lo hice contigo, el dueño de mi corazón. Comenzamos bajo la premisa de ser sólo una “aventura”, nada de sentimientos. Sabíamos de antemano que no podíamos estar juntos y no porque nos atara otra persona,  caímos en ese juego de aparentar desinterés por el otro, cuando en verdad nos estábamos enredando en nuestras propias redes. Viajé un par de veces a verte, porque tú también lo pediste, pero la última vez cambió. Yo me di cuenta y tú también y me alejaste, te asustaste, lo vi en tus ojos y tú en los míos, pero ninguno dijo nada.

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Meses sin hablar y recibí unos mensajes que no contesté (aunque quería hacerlo) y luego sólo un “te extraño” con eso me mataste. ¿Tú?, ¿ese hombre frío, que me alejó el último día que estaríamos juntos, me extraña? ¡¿Y me lo dice?! Fue una sorpresa, te lo dije y comenzamos a conversar nuevamente, cosas de tu vida y la mía.

Pero ya no me estaba haciendo bien, mi amor por ti crecía en cada conversación que teníamos y tú no lo sabías, por lo menos yo no te lo había dicho. Vivimos en países en los extremos del mundo y la posibilidad de vernos nuevamente era casi nula, ¿hacia dónde íbamos con esto? Pero tampoco quería dejar de estar en contacto contigo… El corazón y la razón.

Finalmente, decidí escribirte y contarte todo, absolutamente todo lo que sentía por ti y también decirte adiós. Con eso sabía de antemano que al mezclar sentimientos en toda esta historia se cortaría esta “relación” entre ambos. Lo pensé, lo escribí y lo reescribí, pasé más de una semana en eso hasta que me atreví y te lo envié,  e independiente de las consecuencias (que ni siquiera me responderías) me sentí tranquila, no podía seguir pegada en una fantasía y a pesar de la pena que me traería dejarte, lo hice igual.

No revisé mis mensajes durante días y cuando lo hice ahí estaba, una respuesta tuya y no imaginaba lo que tenías para decirme. Al  abrirlo vi el correo más sincero, sí, también me querías con la intensidad que yo te quería y tus palabras me sacaron toda esa imagen de hombre frío que tenía de ti. Nos explicamos muchas cosas y cerramos tantas otras… Y no volvimos a hablar.

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Por tu trabajo estuviste unas semanas sin conexión, ya sé que es imposible en estos tiempos que alguien no tenga conexión a internet, a no ser que esté en la guerra en esas de verdad… Que era tu caso. Mis miedos al no verte conectado era que habías muerto y la sensación de no saber si estabas bien o mal me volvía loca. Logré manejar esa ansiedad pensando en que al menos te había alcanzado a decir lo que yo sentía y tú también. Pidiéndole a Dios que me diera alguna señal para saber cómo estabas… Y nada.

Pasaron dos meses hasta que un día vi un mensaje tuyo y era distinto. Me querías contigo, ya no importaba la distancia y la diferencia cultural, mis palabras te hicieron sentir contento durante ese tiempo de atrocidades, muchas veces te mantuvo fuerte y con vida sólo tener la ilusión que nos volveríamos a encontrar, el imaginarte conmigo te daba paz y tranquilidad y querías que fuese así siempre, tú y yo juntos.

En unos días más nos reuniremos en un país neutro, ambos estamos dispuestos a los cambios que debemos afrontar, pero el querer estar juntos aplaca cualquier duda e incertidumbre que el futuro nos pueda presentar.

La vida me sorprendió, enfrenté mis miedos sabiendo que podía perderlo todo, pero tranquila de corazón porque sabía que estaba siendo honesta conmigo y al serlo, los otros también lo fueron.

Algo que pudo ser nada, hoy lo es todo en mi vida, hoy es mi vida.