Olvidándote en silencio

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Vehemencia del corazón.

Con el tiempo se han ido borrando ciertas cosas. Por ejemplo, ya no recuerdo bien si los sándwiches te gustaban con poca o mucha mayonesa.

Me entristece, quisiera acordarme pero no es así, no lo recuerdo. Lo que no se ha borrado nada es tu cara y cada parte de tu cuerpo; eso lo recuerdo como si estuvieras frente a mí con tus ojos tan penetrantes, tu sonrisa contagiosa, tus labios, tu pecho tan peludo, recuerdo tus manos y tus piernas tan fuertes.

También recuerdo tus pies y sus dedos, con esas sandalias cafés que siempre usas después de la ducha.

Te extraño tanto, tanto, que mis ojos se están humedeciendo con sólo recordarte, pero tengo que contenerlo porque estoy en clase y no quiero que me pregunten, no quiero causar lástima, ni quiero contarles sobre ti, porque no lo entenderían.

No comprenderían este amor tan real, sincero, efímero, inmarcesible, tan mío y tuyo, tan mío en estos momentos, tan fiel porque aun cuando no estamos juntos, no puedo amar a alguien más.

Ellos simplemente no entenderían que desde aquel día no he dejado de pensar en ti ni un segundo; no entenderían que desde que nos separamos, no he dejado de extrañarte y que hoy ya no me quedan lágrimas para llorar, pero mi corazón te llora siempre, mi corazón es el que más sufre, él siempre grita tu nombre.

Amor: ya quiero regresar, muero por estar contigo, por sentir tus abrazos. Pasan los minutos, las horas, los días, las semanas y los meses con una rapidez que asusta y mientras pasa el tiempo, pasa la vida también.

Cuando me ocurre algo tan tonto o tan importante, inmediatamente quiero contártelo, pero me he prometido no hablarte con palabras, sino sólo con el silencio, así que supongo que te lo estás perdiendo, que te estás perdiendo el compartir este momento de vida conmigo, luego pienso que soy yo la que te pierdo.

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El dolor de cabeza sigue y eso que ya me tomé dos pastillas, pero no entiendo cómo es que este dolor sólo lo curarás tú y nadie más. Quiero arrancarme el cabello, gritar, patalear, llorar y tirarme al suelo, pegarle a la pared y lastimarme, quiero hacer berrinches hasta quedarme dormida, para luego despertar con una voz diciéndome al oído: “amor ya no seas chiflada ya estoy aquí, ven que todo estará bien. ¡Cuánto te extrañé!». En verdad lo anhelo, no sabes el poder de este sentimiento, no sabes la impotencia que se siente saberte vivo y no saberte mío.

Me quiebro la cabeza ideando planes para volver a ti, para regresar a tu lado pero a lo único que llego es a esa inmensa fe que tengo, que desde que te perdí ha ido creciendo.

Confío en Dios, en que Él nos volverá a juntar, yo sólo tengo que esperar. Ser paciente no es mi fuerte, se transmuta en lágrimas, dolores de cabeza, mal humor, rezos, noches de insomnio, días con sueño, botellas de tinto, paseos en bicicleta, días malos y otros pésimos, cuya suma me está costando la vida.

Tú sigues allá, siendo una parte de mí que no tengo, estoy en duelo, pero yo sigo aquí haciéndome a la idea de que al despertar no estarás y tampoco tus mensajes de: “Buenos días hermosa ¡cómo te extraño!».

Los días pasan sin ti y sin mí porque, sin ti, yo ya no soy yo, te sigo amando; tal vez sea una idiota, una enamorada que te espera con todo el amor de siempre, con la infinita paciencia que soy capaz de esgrimir y con toda la fe, esa Fe que significa respuesta, la que yo espero: una respuesta de amor, una que diga que regresas a mí y yo a ti.

No sabes cómo deseo un abrazo. En hebreo “Rajamin” es abrazar, que significa: sostener a alguien que ya no puede estar en pie.

Verónica Posadas Marroquín.