Ojos pixeleados

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Hoy ya son demasiados días en los que quisiera poder correr a abrazarte, digo muchos días porque a pesar de que ha transcurrido tan sólo un mes, se me han hecho eternos tratando desesperadamente de encontrarte de nuevo, trato de mantenerme inquebrantable, pero cada cosa que veo, hablo, escucho, me parece estarlo escuchando de ti; parece que fueras tú quien lo dice y lo hace, quien me muestra el día a día.

Sigo en la lucha, con nervio y corazón, persistente, tan sólo quisiera escucharte un minuto, tan sólo quiero seguir mirando esos ojos profundos como lo hacía en las noches, así fuera por medio de una pantalla pixelada, o poniéndote en mis vagas oraciones como siempre lo he hecho.

Mas allá de los pixeles, estás tú, con tu tibio calor y moral para continuar solo. Me duele muchísimo saber que te vas, que ya no vas a estar más, aún lloro mares de lágrimas, aún miro a la luna buscando respuestas, aún siento el viento que sopla fuerte y es casi como tocarte, con él llegas tú, con tu sutil esencia y el calor de tus labios que se asemejan  a este viento que me despeina una y otra vez, aún tengo miedo, aún sigue latente.

No quiero dar fin a esa gran cantidad de emociones y sensaciones que produce mi mente, cuerpo y corazón cada vez que te veo. Por extraño que parezca la paciencia se ha vuelto mi enemiga, ya no soporto más, sigo intentando comprender el porqué de ese tiempo; sí, está bien lo respeto, pues no quiero llegar a irrumpir tus planes, tan sólo quiero ser parte de ellos.

Me faltas en todo, me faltas en el mensaje de «buenos días», me faltas en las noches cuando escucho te respirar por el teléfono, me faltas en el abrazo fuerte de esos encuentros casuales…

Me faltas en todo y no quiero que me prives de volver a ver esos ojos que, aunque pixelados, lo dicen todo.