Nuestra propia versión de amor…

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En estos días no hago más que recordar cómo fue volvernos uno, cada detalle desde que comenzó; incluso recuerdo con exactitud la ropa que vestías aquel día. No lo habíamos planeado, era un día como cualquier otro, te esperaba en aquel lugar de siempre, a la misma hora, se supondría que el día sería igual que siempre, pero de un momento a otro decidimos ir a tu casa…

Aun sin plan de nada, mas que tomar un par de tragos, llegamos a tu casa y comenzamos a platicar de tonterías, nos mirábamos y reíamos de las cosas que nos decíamos; luego me invitaste a bailar, la sala se convirtió en nuestra pista de baile, pero siempre fuiste mejor bailarín que yo, así que decidimos cantar un par de nuestras canciones favoritas, a todo pulmón y riendo de nuestra poca entonación.

Luego otra canción, decidiste que bailáramos de nuevo, comenzamos a besarnos y percibía cómo nuestra sangre comenzaba a hervir, de pronto era más fuerte el palpitar del miocardio, tus dedos rozándome la piel lentamente; tú dirigiéndonos hasta tu habitación, luego hubo todo eso que comienza a estorbar… Nos desvestimos la piel y sobretodo el alma, junto a nuestra ropa dejamos los prejuicios, el miedo y todo aquello que sentimos alguna vez.

Sentía tu piel y todo lo que había bajo ella, tus besos y todo lo que callabas. Nunca habíamos hecho esto antes, el amor nos hizo por primera vez, fuimos tantas cosas ahí dentro, tantas sensaciones y tantos lugares, dejamos de entender el significado de cielo, pero sabíamos que si no habíamos llegado, ahí al menos habíamos sido uno solo y sentía mejor que el cielo.

Era nuestra propia versión de todos esos términos en el diccionario con lo que se describe increíble, maravilloso, fantástico…

Pero sobretodo, era nuestra propia versión de amor.