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Publicado en septiembre 9th, 2015 | by Becka

Nuestra historia…

Recuerdo muy bien ese momento en que coincidimos, sin quererlo, sin planearlo simplemente ahí estábamos, jamás lo habríamos imaginado, pero ya estaba pasando.

Platicamos un poco, nos pusimos al tanto de nuestras vidas, contamos nuestras desilusiones amorosas sin siquiera pensar que nos volvería a pasar… Me mantuve tranquila en la primer salida, fuimos a ese bello lugar para desayunar, todo estaba hermoso y más tú ahí, escuchándome, observando todo de mí, fuiste muy atento, sabías lo adecuado en ese momento, tenías tema de conversación, me hiciste muy feliz.

Terminando el desayuno íbamos camino a casa, cuando vimos esa exposición de arte y nos detuvimos a admirarla, en realidad sabíamos muy poco del tema, pero en ese momento algo pasaba entre nosotros… Sentí como sin querer nuestras manos se rozaban, no estaba segura de que quisieras tomarla, sin embargo ahí estaba, dispuesta para lo que pasara.

Me llevaste a casa, nos vimos fijamente y después de un fuerte abrazo, me besaste sin que te importara nada, entré a mi casa y no pude dejar de pensar qué pasaría más adelante, sentía mil cosas y pensaba mil más; quería escribirte en ese preciso instante, pero era muy rápido, tenía que esperar… Pasaron unos días y yo no dejaba de pensarte, de pensar en todo eso que hace mucho no sentía, simplemente al pensar en ti mis ojos brillaban y una sonrisa salía sin permiso de mí.

Nos vimos nuevamente, esta vez fue muy rápido, sólo nos abrazamos con el pretexto de era navidad, sin embargo el momento fue único, jamás había tenido un abrazo tan sincero, tan fuerte, tan especial que me ayudara a olvidar todo e hiciera querer quedarme por siempre ahí.

Nuevamente después de ese pequeño encuentro, yo no dejaba de pensar en ti, era increíble porque ya te daba un lugar en mi vida, era increíble porque no dejaba de pensar en el siguiente encuentro.

Y entonces aquella noche al ver que eras muy paciente, tomé valor y te escribí todo lo que sentía, recorrían mil emociones en mi alma, temía que me rechazaras, pero quería saber qué pasaba por tu cabeza ¡porque la mía se volvía loca! Pasaron unos minutos y tu respuesta fue: “tenemos que hablarlo en persona”… ¿Cómo se supone que debía reaccionar ante eso? Yo quería saber en ese momento qué estabas pensando, si no sentías lo mismo por mí podías decirme pero; ¿por qué esperar hasta que coincidiéramos nuevamente? En fin…

Al siguiente día dadas mis miles de emociones incontrolables hice que saliéramos, tenía que enfrentarte para saber en ese momento qué hacer con mi sentir, ya tenía todo un discurso planeado, ya tenía hasta un final en caso de que me rechazarás; sin embargo verte delante de mí, con toda tu tranquilidad, con ese brillo en los ojos, con esa sonrisa que me hacía caer, hizo que todo lo planeado se me olvidara y sólo esperaba pudieras decirme qué pensabas respecto a aquel mensaje. ¡No tenía más qué decir!

Empezamos a hablar del tema tan temido y deseado por mi parte, hiciste varias preguntas, buscábamos lo mismo, sabíamos que si queríamos lo íbamos a lograr, teníamos metas marcadas… Y fue entonces que empezó nuestra historia de amor.



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