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Calidad de vida

Publicado en octubre 11th, 2016 | by Vero Vilches

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Mi rompecabezas

La vida es como un rompecabezas y cada experiencia es una de esas piezas que lo va completando. De las miles de piezas que hay revueltas y desorganizadas por el suelo, hay unas que son ostensiblemente más grandes y más relevantes que hacen vislumbrar mi retrato… pero también hay otras que son de relleno, que bordean el puzle donde no sale ni parte de un ojo, ni un mechón de cabello, pero que es igual de importante para acabar de completarlo. Cada pieza es única y encaja en su hueco a la perfección, sublímemente, para acabar de reflejarme.

A veces hay un hueco que no sabes cómo rellenar… no sabes qué pieza de todas éstas puede encajar. Se puede quedar años y años vacío y esa pieza estará por ahí esperando a ser encajada. Está claro que está ahí. No hay que desesperar porque esa pieza tarde o temprano aparecerá, de entre esas miles de piezas que quedan para rellenar el rompecabezas. Cuando la encuentras, puede que su perfección dé hasta miedo. No hay que apresurarse a encajarla con ansiedad, hay que saber colocarla con delicadeza y cuidado, sin que ningún borde se estropeé, que cada una esté impoluta e intacta. Es la mejor manera de preservarla para que siga tan increíble como en el momento que la colocaste y te viste inmerso en esa felicidad, recordando esa sensación con el paso de los años.

Puede que estés buscando una pieza desesperadamente, pero no siempre encuentras la que buscas. Si es así, lánzala al aire y sigue buscando entre la selva de piezas. Cada una con sus formas y sus tonos, algunas más oscuras, otras más brillantes, algunas con formas más difíciles de comprender. Otras, en cambio, más sencillas que prácticamente no necesitarían ni ser encajadas. Otras veces… muchas veces, aparece una pieza que parece que se ha iluminado de entre las miles y que te pide a gritos que la coloques, que ella es la siguiente, y no falla.

Sí que es verdad que a veces, el buscar con mucho empeño una pieza, hace que puedas obtener buenos resultados. Antes de empezar la búsqueda, deberías pensar que ésta puede ser infructuosa y gastes energía en vano. Esto no tiene que crearte frustración, porque con empeño y dedicación esa pieza acabará asomando o iluminándose para ser estampada.

Hay piezas que son bonitas, a lo mejor no son enormes, pero brillan con luz propia. Son las que cuando las encajas todo tu entorno cobra sentido. La imagen se vuelve nítida y te sientes satisfecho del esfuerzo que has hecho para encontrar el resto. Es la guinda del pastel, es la estrella fugaz de la cima del árbol de navidad. Son por la que pasas años peleando y al final, el no cesar te da los resultados; entonces queremos que nuestro puzle esté lleno de éstas luciérnagas que brillan en la oscuridad.

También hay otras que te sorprenden, que nunca pensabas que podían aparecer. Tienen una forma diferente a lo que tú te habías imaginado que podía surgir. Primero las miras con recelo por ser la novedad, por ser una pieza inesperada, sorprendente. La acabas colocando con emoción e ímpetu y estás deseando ver la siguiente que vendrá.

Hay piezas que cuesta encajar, les das mil vueltas y desistes porque no sabes a qué hueco pertenecen. Llegas a pensar que es una pieza que se ha colado y que no corresponde a tu rompecabezas. Más bien, es que no quieres que pertenezca a él, porque sabes que va a ser difícil encontrarle el hueco sin que desentone con la belleza del resto. Pero sí que es de él. Si se te atasca, por experiencia te aconsejo dejarlo para mañana, porque las piezas a la fuerza no encajan, todas se entrelazan a su debido tiempo. Y sí, eso he dicho, se entrelazan porque es lo que hacen nuestras experiencias en la vida… aisladamente nada tendría el mismo sentido. Si nos faltara esa pieza, no podremos encajar la siguiente de forma continua.

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Hay otras piezas con formas muy extrañas, incluso podría decir deformes. Escalofriántemente desagradables, pero están, son inevitables, son posiblemente las que puedan completar parte importante del rompecabezas y darle un sentido amargo a éste. A veces, a éstas las miras de reojo y piensas “te veo y no te quiero ni tocar” ojalá no llegara el día de colocarlas, pero siempre llega. Cuando ves la pieza anterior con el agujero de esa forma tan singular, ya sabes que a continuación posiblemente vaya esa pieza que has estado vigilando de lejos y que inquietaría a cualquiera. Son piezas que son todo puntas, es decir, sin agujeros, que son ellas la que se insertan, las que inciden en las otras y las que parecen que deforman al resto. Hay que asumir que esas piezas también tiene que estar, tienen que coexistir con las grandes y maravillosas y sólo cabe esperar a que en nuestro puzle haya pocas de ellas. Inevitablemente tienes que encajarlas y continuar con las siguientes. Son de esas piezas que sólo con tocarlas, el llanto surge y no parece que vaya a cesar, que aunque no broten lágrimas, el quejido es interno, esas piezas que duelen tanto que marcan. Pero está claro que no te puedes quedar mirando sus formas horribles y como desentonan con el resto de tu bonito rompecabezas, tienes que avanzar aunque tu cuerpo te pida quedarte inmóvil. Posible y fácilmente la pieza con la que continuarás sea más bonita y más fácil de colocar.

Está la opinión de que nuestros puzles están creados de antemano, nosotros sólo nos basamos en reconstruirlos. Pienso que a veces puedes elegir la siguiente pieza que encajar. Posiblemente no sólo haya un flanco abierto, si es así, puedes seguir construyendo por donde te guste. Pero a veces no tienes elección y sólo puedes continuar por un camino, porque por los otros puede que te falte una pieza que haga de puente y te permita avanzar. Hay que ser paciente que esa pieza aparecerá.

Y porque no… piezas que están en blanco y sin forma, y cuando las eliges y colocas en tu mano, por arte de magia se empieza a crear esa imagen, la cual aún no estaba definida. Viendo que tiene la forma exacta de la pieza que justo estabas buscando.

Hay puzles que contienen más piezas que otros, unos con piezas enormes que por desgracia en pocos años se completan; otros con miles de ellas, minúsculas, que los finalizan en 90 años. Lo que está claro es que todos irremediablemente acaban completándose.

Una cosa es evidente, las piezas encajadas nunca cambiarán ni su forma ni su imagen. Con el paso de los años puede que se cubran de polvo acumulado o se estropeen y éstas se vuelvan incoloras, se tornen borrosas, pero siempre permanecerán ahí. También habrá algunas piezas que nos gustaría que se borraran o que no existieran, que se desvanecieran hasta no sentir dolor, como en el caso de las de formas extrañas. Pero no nos podemos deshacer de ellas, no podemos huir. Si lo intentamos o quitamos alguna desagradable, se crearía un hueco, habrían piezas que les faltaría una conexión, habrían cabos sueltos, habría un vacío, una laguna, el puzle estaría incompleto. Las piezas desagradables que no querías ni rozar, que deseabas arrancar, eliminar y hacer añicos, van a tener una función muy importante, porque en el instante que aparezca una pieza similar podrás compararla y seguramente sólo con tocarla se erice toda la piel, pero por fin sabrás cómo encajarla. Esta vez la colocaré sin titubear, y a lo mejor ya su forma no me parezca tan horrible, incluso me pueda resultar hasta familiar y pueda absorberla con indiferencia. El olvidar, el borrar, no va a hacer que no aparezca otra pieza igual, pero lo que hará es que se vuelva a encajar con ese mismo miedo, con esa inquietud de no entender esa forma tan extraña, tan diferente al resto y que hace tanto daño.

Dicen que las prisas no son buenas consejeras y los rompecabezas no son una excepción. Hay piezas que aunque las queramos colocar a la fuerza, aun sabiendo a que imagen que no podemos encajarlas en el momento que queramos. Posiblemente lo único que consigamos sería dañarlas. Todas se ensamblan a su debido tiempo, y si ahora no lo hacen significa que no es el momento. La clave para completar los puzles de forma correcta es la paciencia y el tesón.

Mi rompecabezas lo imagino lleno de símbolos de cada momento importante vivido, lleno de rostros que lo hacen de colores vivos e intensos. En el centro empiezo a ver un retrato, mucho más grande, dibujado en grafito con trazos acabados y perfectos, el cual podría ser el mío.

¿Cómo ves tu rompecabezas?



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