Mi perspectiva acerca de Paula

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Desde la primera vez que por mis ojos te vi,
resultó imposible para mi mente olvidarme de ti,
así fue como empecé a escribir, y aunque quise huir,
terminé por plasmar todo aquello que en tu persona percibí.

¡Primero describo tu cabello!
color miel, dorado, con fino destello,
en forma de trenza va muy pegado a tu cuello,
cuando hace calor y lo sueltas, siempre luce más bello.

Hablemos de tus mejillas,
incluso cuando no te maquillas,
lucen radiantes, más que las bombillas,
tersas almohadas para olvidar las pesadillas.

Conversemos ahora, acerca de tu mirada,
sí, esa dulce y tierna, verde aceitunada,
oscuro pesar cuando esta se halla cerrada,
tenue y cálida luz, que refleja tu alma encantada.

Haciendo alusión a tus labios,
opinan los intelectuales y los sabios,
que no se puede concebir mayor agravio,
que besarlos sin borrarles el color del pintalabios.

Pero… ¿Qué hay de tu sonrisa?
nunca le falta gracia, tampoco lleva prisa,
nada la interrumpe, ni siquiera la primaveral brisa,
y cuando no la traes contigo, su llegada siempre improvisa.

Me falta hablar de tus pequeñas manos,
aquellas que pintan en lienzos otoños y veranos,
mismas que sujetan páginas de libros que hablan de villanos,
suaves y blancas palmas que estrechan con amor a sus hermanos.

Una vez que me topé con tu belleza de frente,
me impresionó aún más lo que pasa por tu mente,
tomando en cuenta esa óptica tuya que es tan diferente,
esa con la cual, percibes bello al mundo diariamente.