Lo único que habito de ti, es tu olvido…

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Mi cuerpo se encuentra inmóvil en esta habitación oscura, esa habitación llamada «olvido».

Escribiendo algunas líneas que si bien no me llevarán a nada, pero mi mente se conformará al menos con pensar que libero el llanto que tengo acumulado desde hace días en mis ojos; pero no lloro, no creas que lo hago, mi forma de escribirte será mi forma de llorar…

No he podido sacarte de mi mente. No he podido olvidar aquella relación que tenía la medida exacta de monotonía, frialdad, odio, amor, pasión y deseo, que siempre me hacía caer una y otra vez ante ti. Aunque suene estúpido, sigo recordando el vano amor que sentimos por un tiempo para después desaparecer.

Aunque te extrañe, aunque te recuerde y aún te ame… No significará que te llore, que me desviva por un amor que no funcionó, por algo que en lugar de vivir me hizo morir lento. Mi forma perfecta de matarme a mí misma fue: Amándote.

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Cariño, no digo que amar sea un error; no quiero que piensen que contradigo esto mismo que te escribo, sólo pienso que fuiste un poco más de aquello que pensé por primera vez, cuando aún tus labios no besaban los míos, ni tu cintura se unía con la mía… Pensé que sería una hermosa historia; no una historia de cuentos para niños, una hermosa historia que fuera encapsulada en lo que nosotros dos únicamente llamáramos: «Felicidad», no por siempre, sino por hoy y por mañana quizá.

Pero matamos día a día cada una de nuestras esperanzas, las matamos y no nos fijamos que cada uno las llevo arrastrando bajo las suelas de sus zapatos hasta llegar aquí, al día de hoy.

He escrito cientos de versos y unas cuantas cartas de despedida para ti, pero no ha sido suficiente el alcohol que por mis venas corre como para tener el valor de mostrarlas al mundo, de mostrártelos a ti…. No las recibirás, nadie las verá, excepto una; ésta misma en la que las líneas corren sin sentido y con la ausencia de tu amor.

En este rincón de tu olvido acepto que fuiste o mejor dicho, eres… Ese amor que no puedo olvidar.

No me preocupo de nada. Así han pasado los días y sigo extrañándote, pensándote y escribiéndote; pero así como han pasado los días en los que en tu olvido habito, vendrán los días en los que tu memoria duela…

Te regalo esta, una de tantas cartas que nunca leerás…