Lo que yo aprendí de ti

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Cuando pasas tiempo en soledad luego de alguna ruptura o decepción amorosa y luego de todo lo tóxico que te rodea, de todas esas ideas negativas y culpas que no llevan a ninguna parte… llega por fin el tiempo de la reflexión; ese momento donde comienzas a ver con mayor claridad cada una de las situaciones que  durante un buen tiempo no comprendías y te atormentaban.

El tiempo es el único que pudo darte respuestas al cúmulo de preguntas que te asolaban. El glorioso y sabio tiempo… ahora te abre todo un mundo de información, que solo eres capaz de ver si eres lo suficientemente consciente de ello.

Yo te perdí, y lo digo así,  porque en verdad quería tu presencia en mi vida de forma permanente. Tú te fuiste, pero yo fui quien te perdió. Es muy probable que yo  fuera solo una mujer más en tu lista de conquistas, alguien que estuvo, quizá, en un entremedio mientras encontrabas a otra mujer.

Tú no me perdiste, ya que no puedes perder algo que has elegido botar por propia voluntad. Es así que quizá, yo soy la única en ésto, que obtuvo un aprendizaje.

Muchas veces me pregunté… ¿Por qué?, ¿por qué me sucedió esto?, ¿cuántas veces más tendría que pasar por ésto? ¡Por qué a mi!…

Ahora sé las respuestas; ántes de ti era otra persona, muy distinta, solía ser conformista, algunos de mis ciclos de vida estaban inconclusos y me negaba a cerrarlos, me aferraba a personas que no me significaban ningún beneficio, era débil ante lo nocivo y corría detrás de quien se alejaba por miedo a no estar sola… entre tantas cosas más.

Debía tener un cambio total en muchos sentidos y en el camino mientras estuve junto a ti, me fui dando cuenta que quise mejorar varios de estos aspectos porque necesitaba, al estar contigo, comenzar todo de una manera clara, con honestidad y comprometida.

Tú tenías que estar conmigo, tenía que ser así, por ningún motivo fuiste una equivocación. Llegaste a mi vida en un punto donde me encontraba, sin darme cuenta, en una transición de intereses y fue así que de todas las maneras posibles, tu presencia me hizo reaccionar para encontrar el camino correcto.

Dejé de temer, dejé de sentir incertidumbre respecto de mis prioridades, quise incluso borrar de alguna manera mi pasado porque necesitaba crear un claro futuro a tu lado. Comencé a saber cuál era el camino que deseaba seguir y por supuesto tú estabas incluido en los planes.

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Antes de ti yo no creía en el amor a distancia y por el contrario, me sorprendí al darme cuenta de que contigo quería practicar firmemente la fidelidad, así estuviéramos a miles de kilómetros, mi cariño por ti, estaría justo contigo en todo momento.

Fue tan maravillosa la sensación de querer recibir y proporcionar un amor exclusivo, el de no desear ni necesitar a ninguna otra persona que no fueras tú. Tú me hiciste querer cerrar todas las puertas que permanecían entreabiertas, porque ya no me interesaba esperar a nadie que no fueras tú. En ti encontré todo lo que añoraba de un pasado, lo que quería del presente y esperaba del futuro. No necesitaba nada más.

Cuando supe que mi cariño por ti ya no era correspondido de la misma manera, quise aferrarme a ti, pensé que debía decirte que no te fueras, que te estabas equivocando. No podía creer que tú no estabas sintiendo lo mismo y de la misma manera que yo. ¡Te estabas yendo!

Me dejabas sin ninguna duda, sin remordimiento, sin miedo, y yo, yo morí de pánico; me comparé con un niño que por meses recibía cariño de una persona, que se había ganado su corazón y luego de la nada, se despide y se va… dejándolo devastado. Definitivamente me contrarié, me perdí. La bofetada que me dabas fue muy fuerte, un golpe seco.

No sé de dónde ni cómo fue que sucedió pero reaccione rápidamente y cuando pude reponerme,  mi actitud fue clara; una voz interna me recordó lo mucho que yo valgo, que no importa quién sea, ni el cariño que le tengas, si alguien en tu vida decide que no te quiere más en la suya, por más que quieras evitarlo, no lo hagas. No puedes aferrarte a él, no puedes ni debes perder tu dignidad y dejar de lado tu amor propio.

Yo me sorprendí en ese momento, siendo una mujer madura, decidí dejarlo ir; me quedé con todas  mis ilusiones, con mis planes, con mis esperanzas, con las “esperas”, con mi amor, con mi admiración, con mis ganas de continuar la historia. ¿Cómo fue que lo hice? te preguntarás… fue gracias a ti.

Tú mismo me mostraste que yo había madurado esa cualidad. No fuiste tú directamente, pero a través de ti crecí. No sé cómo lo hiciste, pero sé que tenías que ser tú, quien al dejarme, me mostrara que soy fuerte, de hecho muy fuerte.

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Yo te mostré mi mundo de una forma abierta, te demostré mi cariño de todas las maneras en  que me fue posible; te admiré, te aplaudí, te abracé hasta el cansancio, te acaricié siempre, te acompañé en tus días malos, te comprendí, entendí nuestras diferencias ¡hice todo! no me quede con nada, no hubo reservas, hice todo lo que tenía que hacer a tu lado; pero, hubo algo que con total valentía decidí no hacer… No corrí tras de ti.

Y fue por una razón importante, ¡porque maduré! porque crecí, porque reconozco en mi cualidades y valores que antes no percibía, porque fortalecí mi propósito en la vida, porque comprendí con mucha naturalidad que todo es temporal, incluso la vida, incluso tú.

No quiero ni tengo ganas de reprocharte nada, no te culpo por tu decisión, no es mi deseo que te vaya mal o que te parta un rayo; yo no te echo en cara tu forma de irte, tu falta de tacto y mucho menos que no me quisieras como yo. Así tenía que pasar, fuiste un medio de aprendizaje y por ningún motivo diría que eres el peor de los hombres, o que no vales nada.

Reconozco en ti lo bueno, aquello que me mostraste y que me hizo feliz. Tú me diste mucho, mis pensamientos fueron tuyos y me alegro, tus caricias me hicieron más sensible de lo que era,  hiciste tambalear mis convicciones, dudar de las teorías, ir contra la corriente en defensa de mis propias opiniones. Fui muy afortunada. ¡Gracias!

Cuando te recuerdo soy capaz de sonreír ampliamente, me hiciste dichosa, fuiste un parteaguas en mi vida, un antes y un después. Tú ni siquiera te diste cuenta de ello. Así que, descuida ¡Tú no te fuiste, yo te perdí!… y me alegro por mí.

No necesitas saber que espero que seas muy feliz porque sé que lo serás. Encontrarás a una persona que te muestre a ti, lo que yo ya no podía mostrarte. Comprendo que no fui yo quien dejó de tener algo más que aportarte, sino que fuiste tú, quien llegó al punto donde tus ojos ya no podían ver las cosas que yo tenía para mostrarte, porque nuestra madurez no es la misma.

Me gusta pensar que yo evolucioné en una mariposa a partir de ti, y ahora puedo volar, y que tú, tú necesitas aun permanecer sostenido a una base como la oruga, porque aún hay cosas que no puedes comprender.

Las experiencias vividas te van dando conocimiento de tu propio ser, de enfocarte en ti como ser único. Tú no te fuiste, yo te perdí, si, porque mi amor ahora es muy fuerte y claro, y el tuyo aún necesita exponerse, aun tiene que fracasar y quizá hasta menospreciarse. Mi amor llevaba implícito la permanencia, el tuyo por el contrario aun buscaba la aventura. Así que… ¡Adelante!

A donde sea que vayas… ¡Gracias!  Porque yo aprendí mucho de ti, realmente mucho. Es una lástima que tú, tú no te beneficiaras de lo que yo aprendí.

 

Escrito por:  Laura Calderón