¿Qué pasará si lo admito? Si confieso en mi mirada que est..." /> Le daré un beso… – El Acorazado

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Publicado en noviembre 7th, 2015 | by Edith Neri

Le daré un beso…


¿Qué pasará si lo admito? Si confieso en mi mirada que estoy de usted enamorada y que le ansío como el alba al amanecer. ¿Qué podría remover en usted?, ¿qué podría cambiar en su mirada?

Recuerdo la primera vez que lo vi. No recuerdo normalmente mucho, pero recuerdo vívidamente sus labios y ese pose de niño de mal genio. Su camisa negra y su aroma sutil. Su entrañable sonrisa que jamás esbozó para mí. Su mirada penetrante y posesiva. Su voz fuerte y su tono poco gentil. Cómo no admirar semejante descaro, cómo no admirar semejante hombre. Su belleza y su perfección en medio de su insensatez. La verdad me gusta y en mi mente jamás pasó que sus labios tocarían los míos. Que sus manos tomarían mi cintura y que su piel rosaría la mía.

No voy admitir que estoy de usted enamorada. Siendo honesta, no puedo luchar contra la corriente. Me he cansado de naufragar en mares ajenos sin ver un ápice de tierra. No sé si es que usted llegó en el mejor momento o en el peor, más debo admitir, ha llegado y nunca más se irá. Al menos de mi mente, al menos de mi alma.

En este momento, le añoro. La oscuridad de mi habitación me apetece a lujuria. Lo cual me lleva a cuestionar porque a usted le deseo tanto y por qué en usted encontré mis delirios. Sigo volviendo el tiempo atrás en mi mente, cómo dejó usted mi lista negra. No se ofenda, pienso que usted es un demonio, que me ofreció tentaciones y que me parecen sublimes. El problema relevante es que en sus brazos yo subo al cielo, pero ahí mismo me tocan las brasas del infierno mismo.

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El día se ilumina a su sola presencia, pero salen los fantasmas cuando usted se ha marchado. Y la pregunta es devastadora: ¿Por qué no está usted conmigo?

Quisiera leer su mente y saber lo que en su corazón se anida. Ver a través de su sombra y descubrir lo que siente a mi lado. Si usted me odió tanto y si ahora ese odio traspasó su orgullo, entonces que de esa su boca emane una frase añorada, que entonces me abrace y me haga el amor.

Soy suya de un modo o de otro, pero la realidad me siento poco de usted. Por no decir una frase, por no decir simplemente: Le amo sin condiciones.

Le temo y quizá usted me tema, vaya usted a saberlo. Mientras tanto deme un beso como aquél primero y vámonos haciendo uno en ese juego de amor. Que al final puedo perderlo a usted del mismo modo que me perderá a mí.

No voy a decirle que lo amo. Al final ha de descubrirlo. Mientras yo no lo acepte, el corazón está a salvo, en mi mundo clandestino.

Le daré un beso y callaré su boca. Con un beso, yo lo amaré siempre.


 



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