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Historias

Publicado en octubre 31st, 2016 | by Chabathory

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Laberinto de sueños


Mónica era una joven con una vida envidiable. Tenía dinero, belleza, y un talento para las artes bastante único. Su vida era perfecta, o al menos eso parecía, pues espiritualmente estaba más que devastada. Cayó en diversos grupos religiosos y ninguno le ayudaba a encontrarse a sí misma, estaba bastante perdida y en uno de esos intentos por reencontrarse ya no despertó.

Se quedo atrapada en un mundo que no conocía en lo absoluto y jamás pudo volver a salir. Intenté sacarla de ahí, me esforcé por lograrlo… pero fracase de una manera desastrosa. Y bien, me quedé atrapado en ella.

Yo había estado junto a ella en casi todo su proceso de búsqueda, pero cuando entramos en el último nivel, decidí abandonarlo todo pues sentía que yo ya no tenía nada que buscar, había aprendido lo necesario ¿Que más necesitaba?.

Cuando mis amigos me contaron que ella se encontraba en coma supe que algo había salido mal y decidí ir en su búsqueda.

DÍA 1
LA PUERTA

La entrada a la mente de una persona puede ser bastante complicada, nunca sabes qué puedes encontrar y la mente de Mónica era bastante inaccesible. Cinco entradas distintas, sólo una correcta. Una mala decisión y podría jamás volver. Cada puerta tenía un color, material, forma y llave distintos… así que me vi en un verdadero dilema al decidir sólo una.

La primera era color azul turquesa, de madera, la llave era demasiado pequeña y parecía estar hecha para las manos de una niña. La segunda era una roca gigante, con runas grabadas en ella, la llave era un diamante. La tercera era una puerta de metal, en apariencia normal, la llave era de metal y nada llamaba la atención hacia esta. Entonces pensé, si quisiera proteger mi mente con tanto sigilo me aseguraría que lo que estén buscando este tan a la vista que no lo noten. Y entré entonces por la puerta de metal.

Al cruzar, lo primero que observé fue una casa con un terreno enorme. – una casa de campo– reí para mis adentros. Mónica siempre había deseado una casa grande donde jugar como cuando era pequeña y visitaba el rancho de sus abuelos y ahora la tenía bastante bien construida en su mente, empecé a recorrer la casa.

El lugar era de madera, bastante frágil en realidad. En la sala se encontraba un cuadro con los rostros de sus hermanos y padres, pero sin cuerpo, sólo los rostros; ella no estaba retratada. La sala era de color vino con una mesita de café al centro, hecha de madera. El librero que estaba en la sala era enorme y abarcaba prácticamente toda la pared, los libros en su mayoría eran de portadas negras y algunos no tenían titulo.

Continué mi recorrido por la cocina, nada importante. El baño, el patio, la habitación de sus padres, la de sus hermanos y entonces di con la de ella. La puerta era color vino, se diferenciaba claramente de las demás. Toqué tres veces, nadie respondió. Entré, lo que vi ahí me heló la sangre, era más horrible de lo que podría describir; sabía que Mónica estaba perturbada pero no imaginé semejante decoración.

En cada una de las paredes se encontraba el cuerpo de cada uno de los integrantes de su familia, su cama lucía desarreglada. En las paredes haciendo juego con los cuerpos había muñecas de porcelana colgadas como si se hubieran ahorcado. Libros en todo el piso de colores diversos, algunos abiertos en paginas especificas formando oraciones en apariencia sin sentido para quien no supiera de este mundo. Definitivamente esa mujer de sonrisa dulce guardaba muchos traumas en su mente. Salí de la habitación decidido en ir en su búsqueda.

El valle era extenso y en la lejanía asomaban unos árboles que parecían no tener fin, pues por más que elevé mi cabeza tratando de encontrarlo nunca lo logré. Caminé hacia ellos, me adentré siguiendo el camino que los atravesaba. Todo lucía normal, todo parecía normal hasta que…

Debí suponer que no te quedarías quieto ¡Déjala ir! Ella tiene que estar aquí, sola. Esto es algo que debe superar sola, cuando esté lista regresará con ustedes sin daño alguno– Me giré para ver quién hablaba y la miré, con su vestido blanco clásico y su pelo desaliñado. Era Jezabel, la mejor amiga de Mónica y su mentora en todo esto.

Así que tú eres quien la metió en esto, por qué no me sorprende. Y dime, exactamente ¿cuál es el reto? ¿qué se supone está buscando Mónica?

¿Aún no lo entiendes? Está tratando de sentir todo el odio que no pudo expresar en tierra y aquí lo está desatando, es menos peligroso que si lo sacara afuera; necesita depurarlo, necesita dejarlo ir. Si un día alguien la hace explotar en el plano terrenal pueden desencadenar cosas peores que lo que viste en esa casa. ¿Has visto de lo que es capaz? Y eso fue en cuestión de minutos, ni siquiera titubeó. Tomó el hacha y les corto la cabeza, así sin mas.

¿Reconoces este lugar?– pregunté.

Sí, estuvimos con ella cuando sus abuelos fallecieron, fue aquí de hecho donde los enterraron ¿no?.

Sí, exactamente donde esta esa roca– señalé.

Nos acercamos. En la roca había unos símbolos tallados y muchas flores alrededor –Aún no los olvida– sonreí. Al menos una parte de ella no se había perdido totalmente.

Sus abuelos siempre fueron su fortaleza, el día que los asesinaron fue el peor momento de su vida, fue cuando cayó en todo esto. Y es que no todo el problema radicaba en que sus abuelos habían fallecido, sino en el hecho de que lo hicieron delante de sus ojos. Lo peor que puede vivir el ser humano es ver cómo asesinan a la gente que aman delante de ellos.

El día de su secuestro ella estaba de viaje en el rancho, cuando unos hombres vestidos con túnicas negras entraron a la casa y sin más subieron a los tres a una camioneta. Mónica no sabía qué hacer, trató de defenderse pero de nada sirvió. Los llevaron a una casa abandonada, el abuelo pudo desatarse e intentó soltarlas a ellas también pero cuando uno de los secuestradores entró y al darse cuenta, disparó a ambos ancianos, quedando Mónica sola con las manos atadas sin poder hacer nada.

DÍA 2.
LA BESTIA.

Comenzó a llover. Por un segundo me pregunté si ella podía escuchar de alguna forma mis pensamientos puesto que estaba en su mente. Tal vez lo que veía como lluvia, eran sus lágrimas.

Debes dejar que vaya sola, ella necesita sanarse– Repitió Jezabel.

Suspiré – posiblemente tengas razón, pero no soporto la idea de que ella se está dañando aquí adentro. Tú y yo sabemos que esto no está bien, esta manía de escapar de la realidad no es buena.

Ella no prestaba más atención. Sus ojos se abrieron como si hubiera visto al demonio mismo, la mirada se dirigía a algún punto dentro del bosque lo suficientemente alto como para hacerla levantar de ese modo la cabeza y lo suficientemente grande para hacerse notar entre tan extenso valle. El cielo se oscureció, la lluvia se hizo más fuerte y los árboles se movían de un modo brusco, como si fueran empujados por un gigante a su paso. Parecía que el viento se hubiese ensañado con ellos.

No quería mirar, me encontraba de espaldas al bosque y por la expresión en la cara de ella lo que me esperaba no era agradable, tenía miedo de lo que pudiese estar detrás mío. Incliné la cabeza hacia atrás lo más que mi cuerpo permitió, no sabía si lo que miraba era real, pero podría jurar que no era una alucinación.

La situación estaba mal, la lógica decía que debíamos ir a la casa a refugiarnos, buscar un lugar seguro, pero ninguno de los dos podía reaccionar.

Mire hacía abajo, una especie de líquido espeso comenzó a salir de entre los árboles y estaba empezando a alcanzarnos.

¡Quítate de ahí, carajo, ¿qué no estás viendo la situación?! ¡Debemos irnos! – Corrimos. Podría jurar que sentía los pasos de la criatura detrás nuestro. Nos seguía de cerca, demasiado cerca.

Entramos nuevamente a la casa, Jezabel se dirigió sin titubeos a la habitación de los padres de Mónica. Miré por la ventana y pude observar que la criatura no venía sola, en sus hombros, hacha en mano, vestida de blanco y bañada completamente en sangre venía Mónica. Su rostro no era el mismo de siempre. La sonrisa fingida de todos los días ya no estaba. Se veía feliz, feliz después de haber matado a su familia. Feliz, después de haberse desecho de las máscaras de falsa felicidad, de sus culpas, de la estúpida idea de que tenía que ser de algún modo. La bestia también sonreía.

Jezabel recorría la habitación con demasiada desesperación. – ¡Maldita sea! deberías ayudar a buscar la puerta, no soy la única que se quedará aquí si esto sale mal – Los últimos árboles caían mientras ella gritaba.

La bestia lucía cada vez más hambrienta, por fin fuera del bosque pude analizar su físico con más cuidado, buscando un punto débil. Y entonces lo vi, ella no sólo iba en el hombro, se movía a su mismo ritmo, parecía su marioneta. Danzaba en sus hombros y la bestia con ella. Brincaba y ella también lo hacía.

DÍA 3
ATADURA

-¡Por fin!– Gritó Jezabel, y un pequeño portal apareció ante nosotros. Esa no era una puerta ideada por Mónica, de eso podía estar seguro. La forma era ovalada, de madera color turquesa y la llave era una piedra en forma de estrella.

Entra de una maldita vez o se cerrará– Atravesó la puerta sin dificultad pese al tamaño de la misma. Yo me quedé analizando la situación.

Podía atravesar el portal y dejar a Mónica ahí para siempre, perdida en su mente, o podía regresar y tratar de derribar a la bestia y regresar con ella al mundo real. La silueta de Jezabel se desvanecía a lo lejos.

Miré de nuevo por la ventana, ya solo se podían observar las piernas de la bestia justo cuando necesitaba estar seguro de qué decisión tomar.

La puerta comenzaba a cerrarse de a poco, la silueta de Jezabel ya no era visible y la llave comenzaba a desvanecerse.

Mónica cayó, se acercó a la ventana, bailaba y la bestia con ella. Tomó una roca y la arrojó hacia la ventana. Los cristales se esparcieron por toda la habitación. La bestia extendió el brazo por el hueco de la ventana y me tomó del cuello, me sacó de la casa y me arrojó lo más lejos que pudo. Mónica gruñó. Caí en la roca que hacía honor a sus abuelos y perdí el conocimiento.

Reaccioné muy tarde, me encontraba ahora a una altura considerable y ella ya no estaba. Ahora ocupaba yo su lugar. Regresamos al bosque, reconstruimos ese mundo.

Me quedé encerrado dentro de su mente. Ahora era yo el que bailaba en su lugar y la bestia conmigo.



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