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Calidad de vida

Publicado en julio 5th, 2015 | by Mistake

La soledad también puede ser tu amiga

Había una vez un niña sombra que al alba se dedicaba a pasear y visitar las estaciones. Primavera era una mujer muy alegre, era cálida y en opinión de la niña, era como una madre que al dar su abrazo lograba disipar toda penuria y angustia del corazón de su hijo.

Primavera siempre estaba ahí para el recibiéndole con una gran sonrisa y sus brazos abiertos, le mostraba las alegrías de la vida, los botones como ella y le explicaba que algún día ella también extendería sus pétalos y sería una bella flor como las del jardín.

La niña notó que a pesar de toda la luz y calidez que ella desprendía, habían noches en las que la primavera lloraba y llovía en todo el inmenso jardín, esas noches o días primavera miraba por la ventana al invierno, así que la pequeña sombra decidió visitar a invierno para ver si a él le ocurría lo mismo.

Se despidió de primavera mientras esta estaba en uno de sus días soleados aún. La pequeña sombra quería cuidar de primavera y eso haría.

Su trayecto hacia Invierno fue largo pues antes tuvo que pasar por el ardiente verano. Verano era una niña como ella tan brillante como un sol, era una niña problema, surfista, siempre que cruzaba por las playas de verano la encontraba sobre su tabla de surf comiendo una refrescante sandia y disfrutando del oleaje del mar. Visitarla era algo para lo cual siempre debía prepararse mentalmente, pues siempre se veía involucrada en alguna travesura en la cual acababa herida. Aún así era muy feliz y reía con cada ocurrencia que tenia, parecía ser alguien sin preocupaciones, pero… aun en verano hablan días y noches en las que llovían, en las que la sonrisa de verano se desvanecía, sombra supo la causa de ello y como amaba tanto a su amiga decidió que la cuidaría y ayudaría. En un nuevo día de sol la pequeña sombra dejo las playas del verano.

La sombra llegó a un bosque lleno de colores cálidos, desde el rojo hasta el café, pero el que mas le gustó fue el naranja del suéter que llevaba el Otoño. Otoño era un chico algo silencioso, ligeramente mayor que ella. Otoño era la única estación con la que no había conversado debido a sus días y noches tan tormentosas, llenas de tenebrosos rayos que iluminaban el cielo y a ella le hacían sentir miedo; pero por el bien de verano esta vez conocería a otoño. Determinada se acercó a Otoño, quien resulto ser alguien muy agradable y sereno, le mostró cómo apreciar las noches de tormenta y su lluvia aún a los rayos. Sombra no supo cómo, pero para cuando lo notó había transcurrido ya un año viviendo en ese bosque junto a las bellas tonadas que Otoño componía con su violín. Se preocupó y tuvo que abandonar el bosque de otoño para retomar su viaje a Invierno.

Invierno era tan frío, sus colores eran como su personalidad. Era un lugar en el que nada parecía vivir. La sombra aún así se acercó al invierno con el que ya había hablado antes y su humor lleno de amargura la desesperaba; suspirando llegó y le encontró componiendo baladas en su piano negro, bellas baladas que sólo le recordaban la calidez de primavera, fue entonces cuando comprendió que todos tenían su alegría, pero era duro para cada uno alcanzar su felicidad, porque mientras más costara y más tardara, más gratificante sería al final.

Sombra se acercó al Invierno y le invitó a conocer a Primavera confesando cuán correspondidas esas baladas eran. Regresó corriendo al bosque del Otoño y en su trayecto su corazón latía muy de prisa, pero al llegar al bosque encontró la tormenta más despiadada que pudo ver en su vida. Preocupación y angustia invadieron su pecho hasta encontrar a Otoño tocando el violín y diciendo con su última tonada las verdades de su corazón, se acercó a éste y le abrazó, permitiéndole que confesar lo que el fondo de su alma guardaba, le escuchó y comprendió. Ayudo al Otoño y al Verano a ser felices.

Un buen Junio se sentó con las estaciones juntas en la mesa a comer y su corazón palpitó tan fuerte que pronto poco a poco dejo de latir, al encontrar una verdad de sí misma, dio todo por todos y se olvidó de ella. Primavera ya no le daba sus cálidos abrazos porque le pertenecían a Invierno y éste ya no la amargaba como antes, pues primavera se encargaba de tomar toda esa amargura.

Verano ya no podía jugar como antes con ella, ni sonreírle porque su sonrisas y juegos pertenecían a Otoño y éste ya no componía tonadas que pudiera escuchar, porque todas eran privadas para Verano. Sombra los quería a todos, pero amaba a Otoño, ella lo amaba, su corazón se enamoró de él, sin embargo jamás podría lastimar a quienes amaba. Ellos eran felices entonces ¿Por qué ella no era feliz?¿Por qué se sentía tan vacía ahora?.

La sombra lo supo, cuidar de quienes amas es un trabajo que alguien debe hacer, porque no todos tienen la facilidad de encontrar la felicidad. Sombra buscó la felicidad pero no era para ella, la felicidad nunca la buscó y si lo hizo, no era la que ella esperaba.

Este no es un final feliz, porque la pequeña sombra tuvo que tomar una decisión: ser feliz a costa de la felicidad de otros o encontrar un propósito por el cual sobrevivir.

Encontró un propósito: cuidar de sus cuatro seres amados, desvanecerse y cuidarles de lejos porque les amaba tanto que deseaba la atención y el amor de todos, pero eso sería arrebatar la felicidad que no le pertenecía y opacar con sus lágrimas el amor del otro.

La pequeña sombra decidió protegerlos por siempre, volviéndose la sombra de cada uno, para así arrullarlos en las noches mas fría; porque la soledad también puede ser tu amiga.


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