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La parte del cuerpo que más cuesta entrenar: la mente

de hopefull el agosto 31, 2016
Calidad de vida

Respiras profundamente. Inclinas el cuerpo hacia adelante en la línea de salida. Una vez más, tomas aire. Despejas la mente, hoy es el día.

Sientes tus pies firmes mientras observas un cronómetro a cero que sabes que marcará el ritmo de tus pasos. Las pulsaciones suben mientras tratas de controlar tus propios latidos. Pero ha llegado el momento.

Preparados… listos… ¡Ya!

Empiezas a correr buscando algún espacio vital donde aferrarte, advirtiendo cómo tus piernas tiemblan por los nervios en cada zancada. Unos primeros metros donde tomas contacto con la realidad y el aire fresco te roza las mejillas, donde notas cómo tus zapatillas de clavos desgastan suavemente la pista.

Pero de repente, da la impresión de que avanzas solo, que tu alrededor se ha despejado y que nadie puede verte. Es entonces cuando comienza lo verdaderamente difícil, la batalla entre tu cuerpo… y tu mente.

Debes hacer de tus debilidades, tus fortalezas. Renovar las fuerzas destrozando los pensamientos negativos, eliminando los no puedo que continuamente invaden tu cabeza. Porque ha llegado la hora de enfrentarte contra ti mismo, de superar tus propias expectativas… porque si temes a la derrota, ya estás derrotado.

Mentalizas el recorrido, avanzas en cada paso que te acerca más y más al objetivo. El fracaso no es una opción, debes llegar y no de cualquier forma. Debes hacerlo como sabes, como has entrenado durante todo este tiempo. Porque puedes, porque debes, porque lo vas a lograr.

Sólo tú puedes vencer tus miedos, sólo tú puedes ganar esa batalla que se libra en tu mente.

Va quedando menos, estás ampliando tus zancadas ágilmente convencido de que el ansiado final es inminente. Has llegado hasta aquí, has hecho lo más difícil, no puedes parar ahora.

Unos metros más y tu adrenalina se dispara a ritmo sorprendente. Corres como un porsche sin frenos, adelantando sin piedad a todo aquel que se interpone en tu camino. Te sientes invencible, imparable. Pero ya no estás sólo, en tu cabeza te han acompañado todas esas personas que creían en ti desde el principio, las que te han apoyado y las que han mostrado su más fiel compañerismo en cada día de entrenamiento.

Piensas en ellos una y otra vez en un intento más de superación y entonces ahí estás,

cruzando la línea, entrando en tiempo, dejando la pista atrás… cumpliendo tu meta. 

hopefull
Una loca historiadora del arte que no puede parar de escribir.
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