La mujer que amé…

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Era una mujer valiente, siempre con zapatos altos y los labios rosas, enamorada del placer.

Siempre me decía: no tengo tiempo de jugar con niños de tu edad. Si encuentras la manera de apreciar mi cuerpo sin enamorarte, tal vez podría atreverme a usarte como lo deseas. No planeo herirte ni enseñarte a tocarme, mi plan es destrozar todo aquel recuerdo que tengas sobre amor y convertirlo en fantasía, practicas hacerte el fuerte, pero créeme que no es fácil mi situación.

Divina, segura, perfecta para su edad. Estaba harto de jugar y de sus malas decisiones, yo me había enamorado de ella a los 17 años y mi maestra estaba loca por mí, así como yo lo estuve por ella desde antes que se diera cuenta que sus piernas largas me enloquecían.

Estaba dispuesto a tomarla como sea, era un romance de fantasía y jugábamos sobre su cama todo el tiempo, le rompía las medias y siempre se molestaba. La amé incondicionalmente todos los días, daba todo por ella. no supimos en qué momento llegamos a tanto, no me importaba si aun estaba creciendo, si tenía una vida por delante, yo la iba a amar hasta que la vida me la quitara, hasta que ella me suplicara dejarla.

Como toda vida, las cosas se complican y entonces ella cambio, se volvió ambiciosa, necia; prácticamente discutíamos todo el tiempo, me daba la espalda al dormir y supongo que yo también cambié, la odié y entonces se fue.

Amar no es lo mismo a necesidad... Cada vez que se alejaba de mí trataba de olvidarla, pero siempre volvía, me necesitaba porque la hacía sentir mejor. Sé que me amó, pero sólo por un tiempo, así que me alejó de su vida y decidí darle su espacio…