La historia de una chica que soñaba con volar… Cap. 2

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Mi acercamiento con el mundo de las motos fue por accidente, como todo lo que me sucede en la vida, llega de improviso, siempre mueve el mundo y lo deja patas arriba… Así fue como comenzó esta historia que se sigue escribiendo todos los días:

Venía con mi padre platicando en el asiento trasero del auto, discutiendo como siempre, regañandome por haber llevado otro perro a casa a escondidas, otro perro que haría que el poco dinero que ganaba haciendo ilustraciones e historias para un pequeño periódico local, se fuera en veterinarios, comida para ellos; un perro que no me haría ganar nada y pero sí perder mucho.

Cuando mi padre no entendía que para mí ver que el perrito sanaba y me mostraba su felicidad poniéndose feliz cuando llegaba a casa, para mí eso era paga suficiente y sólo lo disfrutaba mientras encontraba alguien que quisiera darle una familia y el cariño que en mi casa no podría encontrar; mi familia no quería los perros aunque descubrí varias veces a mi mamá dándoles de comer antes de que yo regresara o a mi padre dándoles una caricia mientras volteaba a todos lados como temiendo que llegara y viera que lo acariciaba.

Así nos encontramos discutiendo y yo volteando mi cara a la ventanilla, deseando estar en otro lugar más alejado para evitar seguir discutiendo; fue allí cuando vi pasar una moto a gran velocidad a mi lado, sólo pude ver una imagen de segundos, pero en mi mente puedo recordarla como si hubieran sido minutos los que demoró en cruzar el largo del coche.

Ruido de neumáticos y frenos pisados a fondo me volvieron a la realidad… ¡El chico que iba en la moto había sido atropellado por el coche de papá!

Me bajé lo mas rápido que pude sin escuchar los gritos de mi padre pidiéndome que no me acercara, el chofer ya estaba llamando a la ambulancia y yo me acerqué rápidamente; por fortuna, traía casco y chamarra de cuero, no se veían heridas pero la moto estaba arriba de su pierna, entre varios tratamos de levantarla, fue un esfuerzo muy grande la moto estaba muy pesada, cuando la pudimos retirar solté un grito, su pie estaba volteado hacia el otro lado y se veían sus huesos rotos, empezaron a correr lágrimas por mi rostro…

Jamas había visto algo así en mi vida, empecé a sentir nauseas pero logré controlarme y acercarme al chico que lucía pálido, temiendo lo peor le grité y quise poner en práctica lo aprendido en mi curso de primeros auxilios pero mi padre me jalaba para retirarnos de ahí, sólo pude ver que empezaba a deliriar, quizá por el dolor de la fractura expuesta que tenía.

No le pude preguntar su nombre, pero mientras mi padre me sacaba de ahí, yo sabía que haría hasta lo imposible por dar con él…