Imaginando el amor…

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Se conocieron un día cualquiera, como todos, como ninguno, nada especial, excepto sus miradas y aquella sonrisa amable; se despidieron sin saber si se volverían a ver algún día y sin que eso les importara mucho en realidad. Al cabo de unos días sucedió, se encontraron de nuevo se sonrieron y se saludaron amablemente, pero esta vez él no pudo evitar invitarla a salir a tomar un café o un helado, lo que fuera, eso no era importante, lo que en realidad importaba era conocerla; ella aceptó… Total, ¿qué sería lo peor que podría pasar?

Ese día ella se presentó tal y como era, sin aparentar, sin ocultar nada sin fingir; ya antes había tenido temor de mostrarse tal como era y al final las cosas no resultaban bien, siempre le quedaba el vacío, el mal sabor de boca que deja el aparentar ser lo que no se es y se había prometido que la próxima vez se mostraría tal cuál era; y aunque los nervios estaban presentes, el  miedo no existía, eso la hacía verse especialmente bella.

Había una luz en su mirada su sonrisa era tierna y sincera, era realmente bella; él no podía parar de mirarla, de escucharla, tantas historias, tantas ideas tan raras, pero fascinantes, demasiada intensidad, tanta locura pero al mismo tiempo sobriedad y coherencia en sus palabras, era algo que él nunca había encontrado en nadie y eso le estaba fascinando.

Él, él no se quedaba atrás, ella lo miraba con atención, tenía unos ojos hermosos una barba de días que resultaba algo sexy, pero había algo por lo que ella siempre se había sentido atraída y eso era la sonrisa de las personas y, aunque había visto demasiadas muy lindas, la de él era especialmente hermosa, tal vez porque parecía sincera, no era la típica sonrisa de un conquistador, era limpia verdadera, honesta o al menos así lo parecía; la seguridad con la que platicaba de sus metas y sus sueños era realmente atractivo para ella. Él soñaba no con lo típico, con lo usual, tenía sueños de verdad de esos por los que hay luchar duro y en contra de todos de esos sueños que ya casi nadie tiene hoy día porque los consideran una tontería, bobadas, pero él, él soñaba tal como lo hacía ella.

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Así asaron los días, las semanas, entre pláticas, risas, ocurrencias, desaciertos, miradas, sueños, y ellos comenzaban a enamorarse, pero a enamorarse de verdad, a sentir eso en el pecho que surge e la realidad, no sólo era atracción física no era sólo el querer besar y tocar a la otro persona, de hecho ninguno de los dos había dado ese paso; ella no era de las que besaban en la primera cita, o al menos así lo había decidido esta vez; y él, él no era de lo que van por todo en la primera cita, o al menos no lo haría esta vez, no con ella. Por lo tanto lo que comenzaban a sentir era hermoso, puro, era enamorarse de lo que el otro es, no fingían, era ir conociendo a la otra persona así, sin prisas, con calma y delicadeza, prestando atención a cada detalle a cada gesto a cada palabra y momento vivido.

Al cabo de varias semanas llegó un día muy especial, aunque ellos no lo planearon ni lo imaginaban pero lo deseaban, salieron como otros tantos días, un café, una película cómica para reír y estar de buen humor, decía ella, como si el estar juntos no fuera motivo suficiente para reír y estar de buen humor, aun cuando tenían que separarse. Más tarde decidieron ir a un lugar tranquilo en donde las luces de a ciudad les permitieran ver el cielo, un cielo que esa noche estaba limpio y despejado como si estuviera a su favor, ella tenía fascinación por el cielo y las estrellas y quería que él las apreciara, – son hermosas, ¿ no es así?– dijo ella mirando atenta hacía el cielo, -sí, realmente hermosa, nunca había visto nada tan bello en toda mi vida- contestó él mientras la miraba a ella; entonces por primera vez él tomó su mano y ella sonrío y él se acercó un poco más a ella, así ella lo hizo ver las estrellas y después lo besó.

Nunca imaginaron que aquellos desconocidos se convertirían en alguien tan importante, tan especial en la vida del otro, nunca imaginaron que un simple café y la decisión de ambos de mostrarse sin miedos, los llevaría a vivir una historia maravillosa; nunca imaginaron que ellos eran su momento indicado y que así vivirían algo diferente a todo lo demás, una historia sin prisas con momentos únicos, con amor verdadero y puro y con sueños, muchos sueños en común.

Quién diría que un simple desconocido los llevaría a vivir la mejor historia de sus vidas y de la cuál sólo ellos sabrán cuándo será el final.