Hoy aprendí a estar sin ti…

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Hoy aprendí.
A veces me pongo a pensar que es lo que ha sucedido. De un tiempo a la fecha, me das más motivos para dudar de lo nuestro, se me han acabado las fuerzas, las ganas de luchar y de soñar en un futuro contigo.

Una y mil veces te he repetido cuáles son mis ideales, mis sueños, mis expectativas en nuestra relación, mientras que tú te limitas siempre a decir: “No sé, todo puede pasar”.

Después de todo este tiempo te habías convertido en mi prioridad, en mi pensamiento antes de dormir y al despertar.

Si por un momento sintieras este dolor y este vacío que siento, tal vez, sólo tal vez entenderías mi sentir; tal vez, por primera vez valorarías mi amor, valorarías todo lo que hago por ti.

Hoy llegando a casa, como casi todos los días corrí a mi cuarto, buscando refugio en mi cama, abracé a mi confidente, a mi paño de lágrimas; mi almohada que durante varios días ha escuchado mis lamentos, recibido mis lágrimas, ha sentido mi dolor.

Hoy decidí volver la mirada hacia mí y créeme que lo que encontré me dejó furiosa y adolorida, porque la mujer que soy hoy, no es ni la mitad de la mujer que era antes de conocerte. Aquella mujer fuerte,  luchadora, que no le temía a estar sola y que al contrario disfrutaba de su soledad. ¿Qué me hiciste?

Y hoy comprendí, que tu amor o tu miseria de amor, me estaba matando poco a poco, convirtiéndome en alguien que en realidad no era. Es por eso que a partir de hoy, volveré a ser como era antes, sé muy bien que nunca debí permitirte que me convirtieras en este pedazo de ser que estaba al compás de tus palabras, de tus deseos, que se desvivía por darte todo lo mejor, por siempre apoyarte, mientras que tú, tu sólo jugabas, sólo me utilizabas.

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Y ¿sabes qué es lo más cruel? que me daba cuenta, pero no me daba el valor a reclamarte, me escudaba totalmente en el amor.

Hoy después de meses, me he reencontrado, me he valorado nuevamente, me estoy dando mi lugar, lugar y valor que nunca debí perder.  Te agradezco el dolor, las noches de insomnio, el millón de lágrimas, el sufrimiento, en verdad te lo agradezco; porque con ello me has hecho más fuerte y hoy comprendí que al ser más fuerte seré mejor persona y ¿tú?… Tú seguirás siendo esa persona que juega y miente para su propio beneficio.

La vida es una sola y no vale la pena vivirla con quien no te valora, quien no te respeta, quien no te ama de verdad. Piénsalo: quien siempre te acompañará hasta el final de tus días, eres únicamente tú. Ámate.