Honestidad… Eso era lo único que pedía

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¿Cuántas promesas se hacen durante una relación? ¿Cuántas de ellas se llegan a cumplir? ¿Y si no tienes la intención de cumplirlas para qué las haces?
La mayoría de las mujeres cuando se encuentran en la búsqueda de una pareja, en lo primero que piensan es cómo debe de ser físicamente, alto, bajo, delgado, robusto, moreno, rubio, guapo, simpático, entre muchas características más.

Ahora, si nos vamos al lado de la personalidad, piensan en que sea inteligente, divertido, trabajador, que siempre tenga tema de conversación, detallista, amoroso y un sinfín de etcéteras. Y al buscar a alguien con todas estas características se les pasa la vida y al no encontrar a alguien a la medida, se conforman con el primero que tenga por lo menos alguna de sus peticiones, y es ahí cuando empieza el problema.

¿Pero qué pasa cuando dejas a un lado toda esa lista de cualidades y sólo pides una sola característica? Como por ejemplo… honestidad, una pequeña palabra de sólo cuatro sílabas y que sin embargo significa tanto. ¿En verdad es tan difícil encontrar a alguien que solo sea honesto? Al parecer… sí.

Promesas como “siempre estaré contigo”, “nunca te dejaré sola”, “te amaré toda la vida”, se quedan en solo palabras cuando estás al lado de un hombre que no es honesto ni consigo mismo, porque durante meses o años te prometió amarte por siempre, y esta última palabra le quedó tan grande a su pequeño amor. ¿Por qué prometer lo que no se va a cumplir? ¿Cómo puedes asegurar que sentirás amor por una persona toda la vida cuando no te amas ni a ti mismo?

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Y lo peor de todo es cuando estas promesas inútiles se impregnan en lo más profundo de tu ser como si se tratara de un cáncer que te consume poco a poco, cuando van acompañadas de frases tan hermosas en el momento en que las escuchas, pero tan lastimeras y cobardes cuando te das cuenta que no tuvieron ningún valor.
“Eres lo mejor que me ha pasado”, “eres el amor de mi vida”, “te amo más que a mi propia vida”, “nadie me ha hecho sentir lo que tú”, “eres la mujer más hermosa que jamás había visto”, “nunca había amado tanto a una mujer como a ti”… frases tan hechas, tan fáciles de decir, pero tan difíciles de demostrar que son verdad.

¿En qué momento la honestidad se convirtió en una característica tan rara de encontrar en un ser humano? Porque te pueden llenar de detalles, de palabras, de paseos, porque eso cualquiera lo puede hacer, no conlleva un gran esfuerzo, pero ¿quién en la actualidad es honesto con sus acciones y sus palabras? Yo hasta el momento no lo he encontrado, creo que se ha convertido en una especie en extinción en el mundo.

¿Cuántas veces has escuchado las mismas promesas, estas mismas frases y cuántas veces te las han cumplido? Es terrible el darse cuenta que esta cualidad es tan difícil de encontrar, como si se tratara de una leyenda lejana o un mito que solo muy pocos han podido confirmar. ¿En verdad es tan complicado ser honesto?
Cualquier persona puede dar caricias, besos, amor, sonrisas, sexo apasionado, momentos inolvidables, eso se ha vuelto tan común, porque no viene acompañado de lo esencial, de lo que en verdad es importante y se valora en una persona como lo es la sinceridad.

A mí hasta el momento de nada me ha servido ser “el amor de la vida” de alguien, “la mujer más hermosa”, “que me amen más que a su propia vida”, o lo más vil y duro que me han dicho “a nadie he amado tanto como a ti”, porque volteo a mi lado y el lugar sigue vacío.

Nadie ha sido capaz de cumplir sus propias promesas, las que ellos mismos dijeron, las que nadie los obligó a decir, porque hasta el momento nadie ha sido capaz de sostener sus palabras, porque simplemente se van sin decir nada, sin luchar por nada, se van convirtiéndose en personas que solía conocer y que ahora por más que los miro no los reconozco, son unos simples desconocidos.

Por eso he decidido colgar en el espacio vacío que siempre ha habido a mi lado el letrero de vacante, porque no vale la pena llenarlo con alguien momentáneamente, porque sé que tarde o temprano saldré dañada de una nueva batalla, porque la honestidad se ha ido de este mundo, o por lo menos hasta el momento no la he encontrado, tal vez también valdría la pena colgar letreros de “se busca honestidad” por todos los caminos del planeta, igual y con mucha suerte algún día la podamos encontrar.