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Publicado en marzo 18th, 2016 | by Gladys D.E

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Guerreros de la vida


Nadie es inmune al dolor. No nacimos con escudo ni caparazón. Cualquiera puede dañarnos, ya sea el cuerpo, el alma o el corazón. Somos tan frágiles que nos hiere más un silencio que una enfermedad, nos lastima más un engaño que un corte en la superficial, nos lacera más una desilusión que una operación, nos mata más un amor que un disparo al corazón.

Aprender a ser fuertes es nuestra única opción. Somos guerreros que venimos a esta vida sin armadura a enfrentar una batalla día a día. Es normal que después de ser heridos, lastimados, lacerados, nos sintamos mal, rotos, incompletos, inclusive es normal sentirnos muertos y derrotados algunas cuantas veces. Pero debemos continuar, no olvidar lo que somos, y a lo que venimos.

Valorar cada cicatriz porque gracias a cada una de ellas adquirimos la fortaleza y sabiduría necesaria para entender que así es la vida, que de la misma forma que nos golpea nos enseña a defendernos y que también posee un lado bueno donde tiene mucho que ofrecernos.

Respecto a eso, hice un breve análisis de mi vida y llegue a una conclusión: No, no todo ha sido tan malo, que a pesar de las caídas, los tropiezos, las derrotas, los fracasos, el dolor, el sufrimiento, todo tipo de dificultades y adversidades; me he levantado, he salido adelante y sobre todo, he aprendido. Sé que aún me falta un camino muy largo por recorrer, pero que sin duda es el correcto; desconozco a dónde voy, ya que el futuro es incierto, pero sí sé a dónde ya no quiero regresar y esa…

Es una buena señal.



 

 


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