Estar mal, a veces está bien

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Quiero llevarte a un viaje a mi interior, hasta mis entrañas si es preciso, quiero contarte las cosas que me mueven, las emociones que me envuelven y los sentimientos que guardo dentro.

He tenido que sobrevivir a muchos golpes, a caídas tremendas, a devastadoras decepciones, quizá igual que tú, que él y que cualquiera, sí… Pero yo me he levantado cada vez y lo he hecho sin gota de rencor.

He sentido mi cuerpo partirse a pedazos, mi corazón ha sido absorbido en energía completamente, mis lágrimas se han tenido que agotar de tanto dolor y por supuesto, mis sentimientos han colapsado hasta el punto de anularse.

He tenido que ser capaz de obligarme a vomitar rabia, de forzar a mis pulmones para poder gritar con fuerza mis frustraciones, coraje para zarandear con todo mi poder mi memoria para no repetir errores y respirar muy profundo para volver a la normalidad.

Resulta conocido que la vida es cíclica, que hay tiempos buenos pero también hay días perturbadores; de esos quiero hablar, de los días que han sido capaces dentro de lo nefasto,  de sacar lo mejor que hay en mí, lo mejor que tengo para dar y también lo mejor del amor que existe en mí.

A pesar que he sido lastimada, quebrantada en mis creencias y valores, me he propuesto no guardar rencor, colocarme a mí en primer lugar, antes que todo y que nadie ha sido mi salvación. He aprendido a no dar explicaciones por mis decisiones, ésas las privilegio para quienes se las han ganado; aprendí  que donde quien me ha dañado ve arrogancia, yo muestro amor propio, donde ve indiferencia, yo muestro dignidad y donde ve olvido, yo sin duda me muestro en prioridad.

He aprendido a darle la importancia que se merece a cada persona, tomar las cosas de quien vienen y devolver con inteligencia las bofetadas recibidas. Ahora sé, que soy yo quien tengo el poder de permitir que las actitudes negativas me afecten o no. Yo no vine a esta vida a sufrir, nadie vino a eso, pero lo aprendemos con el tiempo.

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Yo ya no tengo tiempo para arrepentimientos, vine a éste mundo a vivir y todas las buenas o malas experiencias son parte del paquete, he comprendido que estar mal, a veces está bien.

Lo que no está bien es permanecer agachado, sufrir y no levantarte… yo elijo sacar provecho de ello, mi cuerpo reconoce la procedencia y propósito de los golpes y por eso sabe recibirlos de manera positiva.

Tengo en mi cuerpo heridas profundas, fracturas emocionales, palabras agotadas, pero no muero por ello, por el contrario, aprendo de ello. Tengo el coraje de lidiar cada vez que sea necesario con las desavenencias pero no desisto del camino, sigo de frente con la mejor cara, con dignidad, con respeto propio y sobre todo con mucho amor.

Es difícil, pero si eres lo suficientemente decidido, lo lograrás. Yo he decidido deslindarme de las frustraciones de terceros, de los traumas y envidias de quienes me lastiman, son sus problemas, no los míos y no tengo porque cargar con eso.

Ahora me mueve mi propia necesidad de ser feliz, de encontrar en el camino lo que merezco, me visualizo con amor correspondido y sé perfecto que no es gratis, no es algo que llegue mágicamente, trabajo para lograrlo.

Mi espíritu de supervivencia es tan increíble ahora, que se sana a sí mismo y con eso también mi cuerpo, mis emociones ya no se ocultan porque ahora ya no tienen miedo y mis sentimientos se dejan fluir con confianza porque ahora también sé, que de eso se trata la vida, tu vida… Mi vida.

Todo va terrible cuando el alma está sanando, así de contrastante es este viaje, pero desistir o continuar, no es una decisión compleja, cuando el objetivo está claro.

Tómalo natural, estar mal, a veces está bien; así es la vida, mi vida… ¡Tu vida!

 

Por: Laura Calderón.