Esa parte mía en la que no dejas de doler…

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Ojalá fuera tan simple pasar la página, rebobinar la memoria, no pensarte más, sabotear mis recuerdos contigo… Pero no lo es y duele,  duele demasiado.

Duele no poder salvarnos, duele no encontrar excusas para quedarme, para aferrarme a ti, duele que tu actitud me obligue a retirarme.

Dime cómo puedo encontrar motivos para querer seguir, de qué manera logro controlar y comprender tu lado demandante y obstinado… Dime de dónde saco fuerza para entender que me amas de una forma absurda, pero que finalmente, es amor.

Cómo justifico que lo que me das es amor y no celos, que es amor y no control, que es amor y no atadura, que es amor, no asfixia… ¡Dime cómo! Si todo cuánto me das se me limita, se me corta y se me niega.

De dónde puedo sacar locura para no pensar razonablemente y así permitirte continuar cerrando mis caminos,  cómo hago para ahogar mi sentido de supervivencia y no querer escapar de ti tan rápido como lo hago ahora.

Dime por favor cómo pueden tus aciertos anular todas tus fallas, cómo pasar desapercibidos tus arranques de furia por razones inexistentes… ¡No pude más!

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Estoy agotada, he caído de rodillas sobre el suelo. Perdóname, me he rendido, tú me has arrancado la fuerza y con ello la ilusión y has roto por completo nuestro amor.

Tú no sólo confundes amor con pertenencia, sino que desconoces el significado de confianza y libertad; me duele tanto rendirme amor y sobre todo hacerlo sin ninguna duda.

Esa parte mía en donde no dejas de doler, sigue sangrando, continúa ahí lastimando, ese amor que emergió en mí, aún presenta signos de vida; aún late mi corazón cuando te pienso y mi cuerpo y sentidos echan de menos a los tuyos.

Fue un paso difícil, fue una lucha, retomé el control, recuperé la cordura…

Pero aún lucho por sanar esa parte en mi interior, esa parte mía donde perteneciste, ese parte mía… donde no dejas de doler.

 

Por: Laura Calderón