En soledad

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Como cualquier ser humano, experimento momentos dulces y amargos. La vida es eso y simplemente no podemos cambiar lo que no está en nuestras manos. Durante los últimos meses he experimentado muchos altibajos emocionales, que, por fortuna, son cada vez menos, pero que siguen presentándose, como hoy.

Me siento sola, inevitablemente sola. Es angustiante sentir sin saber a ciencia cierta qué es lo que se siente ¿coraje? ¿odio? ¿frustración? ¿desesperación? O probablemente sea todo eso y más al mismo tiempo.
Siento vacío, siento pena, siento ausencia de mí, de todo y de todos. Quisiera gritar y correr sin un rumbo específico. Quisiera sentir que no hay nada, que no me preocupa nada. Quisiera simplemente dejar de sentir. Me gustaría simplemente soñar y quedarme como en un sueño permanente, de manera que me fuera posible alejarme de esta realidad que me inquieta y me perturba.

Todo lo siento tan inmenso. Todo es tan grande y yo tan pequeña. Hay incertidumbre, hay dudas, hay inquietudes… Todo eso me sacude y no me deja estar en paz. Permanezco en una constante lucha entre lo que QUIERO y lo que DEBO hacer. Quisiera saber qué me espera mañana, saber qué hay en mi camino más adelante, saber que valdrá la pena todo lo que he llorado.

Esta sensación de no estar segura, de estar desprotegida, me sofoca y es cuando llega este triste sentimiento de soledad, esta soledad que irónicamente, se ha vuelto mi «compañía» en diferentes momentos y etapas de mi vida. Esa sensación de que un vacío nos invade el alma; buscamos respuestas a innumerables preguntas y elevamos los ojos al cielo buscando una esperanza, una respuesta o un consuelo.

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Esta sensación que te hace pensar que tu corazón late por latir, que no vives, sólo sobrevives y en realidad no sabes si existes o sólo eres un cuerpo que intenta funcionar y respirar. El dolor llega a ser tan grande que es como si una mano te estrujara el corazón hasta hacerlo sangrar, sin que tú puedas hacer nada, sólo aguantar, sólo llorar.
Es en soledad cuando las horas pasan lentas, como si quisieran quedarse ahí con la intención de hacer más grande tu vacío. Es recapitular cada episodio de tu vida pensando si realmente la has vivido plenamente. Suele decirse que la soledad también puede ser buena consejera, pero en la mayoría de los casos, solamente llega a hacerte sufrir por no tener lo anhelado, por sentir que a cada segundo se te va la vida y no has hecho todo lo que quisieras, por hacerte llegar a sentir y pensar que no eres merecedora de felicidad.
No quiero permanecer así todo el tiempo. Lucho contra mí misma cada día para poder estar mejor. No quiero más tristeza, no deseo que este sentimiento de desolación permanezca más tiempo conmigo, porque sé que no estoy sola, sólo debo recordarlo y convencerme de ello. Debo pensar en las muchas cosas que existen y me hacen feliz. Debo pensar que lo que viene es mejor y que me hará sonreír nuevamente. Porque es lo que deseo para mí y para mi corazón…

Porque eso es lo que merezco.