El valor de la amistad… Gracias

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Si por un instante Dios me diera la oportunidad de agradecer, daría entonces gracias por esos seres que van caminando a la par de nuestra historia, seres con valor que aparecen en ocasiones de la nada y que se quedan sin pensarlo, aquéllos que sin dudar corren siempre en el momento justo dando un apoyo incondicional y donde hacen que nuestro andar sea más ligero.

Doy gracias por los amigos que con el paso del tiempo han ganado esa definición, donde no importa el hacer por quedar bien, importa estar bien y quedar en paz. Donde valen los abrazos recibidos aunque el ánimo se sienta diferente y donde los recibimientos por no verlos con frecuencia hacen la diferencia; doy gracias también por los saludos virtuales donde recuerdos se posan con afecto por las épocas de antaño, donde el pasar de los días te hacen entonces o ser más vieja o mejor dicho más valiosa.

Donde sonrisas escapan de mi rostro, por recordar las citas puntuales  en cafeterías preferidas,  donde estuve enferma y quienes se quedaron conmigo fueron ellos, mis amigos en aquella ciudad que no era mía pero me recibió con los brazos abiertos. Doy gracias porque somos afortunados los  que sin pedir, nos encontramos rodeados de personas que nos estiman, por quien no le importa re-acomodar su tiempo por ayudar a quien lo necesite y por los que los que corresponden a las necesidades, puesto que no por haberlas recibido se olvidan de las acciones, hago reverencia al que se convierte en humilde, porque que sin presumir, sabe que tiene amigos y aprendió lo que es el valor de la amistad.

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Doy gracias porque podemos ponernos al tanto con charlas taciturnas donde los personajes favoritos son quizá el ser amado, los hijos, los proyectos por lograr, donde valoro que han estado presente en las partidas de mis seres queridos y por la veces que brindamos  entre copas por los vivencias diarias, de las cuales con gusto compartimos, pero no es por la bebida, sino por el gusto de existir entre multitudes que tal parece se identifican como nosotros.

Doy gracias también por los días donde ojos húmedos nos acompañaron cuando tuvimos decepciones en el amor, haciendo hincapié a mis palabras, “las mujeres no debemos llorar por los hombres, porque nosotros somos mujeres que no se olvidan”.” Y los hombres no deben llorar por las mujeres, aunque ellas los hayan olvidado”.

Por quien me dijo alguna vez, que le gustaría ser padre, pero papá de verdad, de esos que les gusta sentir la brisa en los parques como señal de felicidad aunque el final del día este por llegar, del que se volvió amigo de sus hijos y hasta de sus propios padres, por aquella amiga que despidió a su hijo en el camposanto comprendiendo que todos tenemos nuestro ciclo sin importar edad ni madurez.

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Por aquella que me recibe con cafés esperados para deleitar pláticas pendientes, volviendo entonces a decir que los cafés pendientes no son los que se pagan, sino los que se disfrutan, por aquella que se fue lejos y aprendió costumbres y hasta un idioma diferente, pero que conserva sus raíces mexicanas como las mías.

Por quien me acompañó en días de tristeza y nunca me ha dejado sola aunque nuestras actividades no coincidan. Por las amigas y amigos que aprendieron que no dejamos de ser amigos por el simple hecho de vivir nuestra vida, pero sabemos que estaremos ahí en cuanto nos necesiten. Por mis hermanas que aunque no compartamos las mismas ideas, el ser amiga da un toque especial a la sangre. Por el que aprende constantemente que ser amigo o tener un amigo es enormemente rico y que no hay medida para calcular su riqueza.

Doy gracias por aquel que  agradece que exista y a quienes les doy gracias por existir.