El sabor de mi soledad

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Desde que descubrí la dicha de estar conmigo todo el tiempo, en el día, en la noche; descubrí un peculiar compañía que al igual que yo, está para mí siempre. Es la soledad… Esa extraña sensación que dejaste cuando partiste, cuando decidiste alejar tu ser del mío. 

La soledad es la única que escucha en mis tiempos melancólicos, en mis llantos silenciosos, en mis risas salidas del alma. Ya que en el momento que dejaste de interesarte en mí, en el que tu presencia se volvió mi ausencia, la soledad vino y me enseñó todo el dolor y la necesidad que el amor trae consigo. Mi soledad sacia mis más sutiles sentimientos hacia a ti y le da sabor a mis días sin ti.

Porque debo aceptar que te extraño, el vacío de tu desamor me duele, me duele como jamás me había dolido ningún otro golpe, pero debo agradecer a la soledad, ya que pude conocer el dolor; conocer lo que es amar, conocer lo que un amor correspondido, lo que es un amor fugaz,  más que nada conocer lo que no es amor. 

Mi amor hacia a ti disminuye, pero un nuevo amor resurge, amo mi soledad y más que nada estoy dispuesto a amarme a mí mismo. Esto duele, pero necesito de este dolor para seguir vivo, para fortalecerme, en algunos años no te agradeceré a ti, agradeceré a quien verdaderamente está conmigo.

Gracias soledad.