El papel se llena, la tinta se derrama…

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Si
hay veces que te miras en el espejo, sientes que algo falta, algo se sumerge en
lo más profundo, memorizando cada que despierto, sintiéndome turbado. El miedo ríe
a carcajadas, como si la burla te volviera más sumiso. Una puerta se abre y es
curioso, pues nadie se asoma. Una lágrima cae como símbolo de rabia, una lágrima
que sin querer limpia una vieja herida.

Por
la calle, miras a tu alrededor, viviendo un tiempo difícil, un sueño que
encarcela, una ilusión que te deprime, un vacio que sigue en blanco, un cielo
que llora a gotas secas, un respeto que se gana, un sentimiento que se pierde.

El
olor a petricor trae recuerdos, un silencio que siempre escucha cuando quiero
hablar, una mirada que tiene amor incondicional, saltando al vacio, cada vez
que siento que me pierdo.

Mirando
hacia el otro lado y no observas nada, una pluma que me comprende, una historia
que no existe, un beso distante, un instante de placer. Escupo mi rabia, intentando
sacar y expresar eso que soy.

A
los que me lean que entiendan, no estoy enojado con mi existencia, no escribo
para liberar la furia de mis demonios, solo quiero estar solo, hoy quiero
sentir el frio, harto de fingir escusas, mi verdad maldita es el sentimiento
con el cual me maltrato a ratos.

Tengo
hambre de reparar esta existencia rota, sigo siendo esa libertad que está
incompleta, pisando firme. Mi estado mental gasta fé, causando una depresión
que se enjaula. Harto de pensar más allá de lo evidente, pensando en voz alta,
soñando con el futuro vago que me aturde a diario.

Mi
principal inspiración está en mi tinta, un caso perdido, engrandecido por un corazón
herido, lanzando mi brillo con cada tropiezo, no permitiéndome dejar de creer
en mí.

Alejado
de la espera, vivo en una guerra al final de mi aventura, con mi mente muda,  es que quiero ser un hombre que vive
intensamente, quitando peso de mi espalda, cumpliendo lo prometido. Vuelo y mi
consuelo es verme cuando era niño, libre y con la mano alzada, escuchando y
haciendo lo que yo quiero, sin importarme nada.

Entre
los besos y los disparos, entre las torturas y los abrazos, mi veneno estaba
controlado por mi ego, las teorías sobre la realidad, confunden mis deseos,
pues me delatan y estos mienten, la decepción que te aleja, las sombras que te
enseñan un futuro mejor.

El
dolor o la belleza, la compasión o la venganza, algunas de esas cosas son las
que constituyen al ser humano, intoxicando, saboteando la pasión que te provoca
una inquietud inmensa.  

Capaz
de amar, capaz de odiar, carcelero de la decepción o la esperanza, ayudando al
indefenso, escuchando al que el desastre le ha destruido su mundo, abrazando al
que el dolor ha lastimado, las palabras que han liberado.

Preso
de las ruinas de un destino, cuyos escombros te hacen olvidarte de ti mismo. No
dejándose someter por la norma, el papel se llena, mi espíritu se vacía,
dejando atrás a tantas personas, inclusive algunas amistades.

Aunque
el amor me derrumbe, yo seguiré mi propio camino, abandonando mi ser, regalándose
al viento…