Te voy a extrañar con toda mi alma.

El lado más oscuro del Edén – El Acorazado


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Publicado en noviembre 24th, 2015 | by Edith Neri

El lado más oscuro del Edén


Te voy a extrañar con toda mi alma.

Un día normal como cualquier otro. Pintaba para ser soleado y bello. Iríamos a la playa. El plan estaba hecho de con mucha antelación. Estábamos emocionados pues queríamos pasar una fin de semana juntos, solos tú y yo, ya que por factores diversos no podíamos estar mucho tiempo a solas. Tenía ganas de ser tuya y tú tantas ganas de hacerme el amor. Es por eso que ansiábamos tanto esta huida. Esperamos meses, meses por dos días juntos que se irían como agua. En un abrir y cerrar de ojos.

Manejaste todo el camino. Mientras yo observaba ese rostro tuyo que era hermoso, más aún cuando la luz del sol pegaba directamente en tu cara. Sin lentes me dejaba apreciar el marrón de tus ojos y tus facciones perfectas, tu barba un tanto crecida y tu piel tersa. Hermoso como siempre fuiste, sensual como siempre me provocaste. Siempre te desee. Esos labios que torturaban mi piel y que besé tantas noches seguidas. Tus manos varoniles al volante. Tu cuerpo entero gallardo y mío, sólo mío.

Llegamos a nuestro destino… Desenfrenadamente penetraste en mi alma y en mi cuerpo. Un instante que saboreamos con calma. Entre vino tinto y el ruido del mar, entre almohadas suaves y sábanas blancas. Un día perfecto. Después de nuestra candente entrega, fuimos a la playa a disfrutar del mar y la naturaleza. Esa agua de un azul cielo al verla en cantidad, pero clara y transparente al verte sumergido en ella. Un paraíso. El Jardín del Edén… Eso dirían.

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Llegó la noche. Estuvimos en la playa a la luz de una hoguera. Esa luz que al alumbrar tu rostro, me recordaba el trayecto hacia aquí y lo hermoso que eres. Tus labios carnosos y esa sonrisa tan bella. Casi podría comerte… Casi.

No suelo ser rencorosa y voy a extrañarte mucho.


Me hiciste el amor. Te incité a mi cuerpo, a penetrarme a brindarme placer y dártelo a ti. Quería sentirte profundo, sentir que de verdad eras mío y no una falacia. Sentir tus brazos fuertes, tus manos en mi cadera sujetándome para no perecer en tus envestidas. Repentinamente llegó el anhelado climax a ti y sentí abruptamente como la intensidad de tus envestidas se hicieron más fuertes y duras. En un momento tu cuerpo calló sobre el mío. En un quejido ahogado. Totalmente suelto. Un suspiro profundo y tu cuerpo estaba inerte, sin movimiento, sentí un líquido calientes llegar a mi pecho, a mi brazos, tu sangre, tu hermosa sangre, atesté bien el golpe, hundí bien la daga. Tu cuerpo calló sin fuerza… Estabas muerto.

Te quité de encima de mí como pude. Eras fuerte y más alto que yo. Más pesado. Sentí tu miembro salir de mí ya flácido e igual, muerto.

La playa estaba sola. No era un lugar concurrido. Acomodé mi ropa en su lugar y comencé a arrastrarte hacia el océano y su agua pura y cristalina. Me deshice de la daga. Igualmente la aventé al océano profundo. Llevarte hasta el agua fue una ardua tarea. ¡Cómo pesabas! Una vez en el agua tu peso se aminoró. Te llevé hasta donde mis pies comenzaban a ya no sentir la arena. Vi una vez más tu rostro bello dormido. Te besé los labios y te solté a la deriva. La sangre pintaba un hilo en el agua. Y dije entre labios “Te voy a extrañar mucho”.

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No pienses que no me di cuenta de que envenenabas mi alimento. Comprendo ahora por qué enferme desde que comenzamos a vivir juntos. Entiendo tu insistencia continua de preparar alimentos, eras chef y qué mejor pretexto. Mi seguro de vida debía darte lo suficiente como para hacer realidad tu sueño y abrir tu propio restaurante, más sinceramente debiste ser más discreto al tirarte a tu administradora sin cerrar la puerta de la cocina del restaurante donde trabajabas. Quise darte la sorpresa esa madrugada. La sorpresa resultó para mí. Me destrozaste la vida. Detonaste mi locura y desde entonces planeé hacerte pagar lo mal hecho. Esperé meses por este fin de semana, que se me ha ido como el agua.

Perdí de vista tu cuerpo. La verdad sí voy a extrañarte mucho. De ti ya me quedan recuerdos por ahogar en la profundidad del alma y de la mente. Ya estás muerto y has teñido de rojo este Edén.

Me has llevado con tu muerte, al lado más oscuro del Edén.




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