El chico al final de mi hilo rojo

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Les voy a contar una historia de una niña que conoció a un muchacho al que siempre veía de lejos, a veces más cercano, pero nunca tan disperso. Los años pasaron y tomaron caminos diferentes, no sabría decirte si fueron buenos o fueron malos, sólo eran experiencias que debían de tomar cada quien por su cuenta. Pero la vida da vueltas y aunque a veces no entendemos el porqué regresamos a los mismos lugares, con las mismas personas, es algo innato en nosotros volver a aquellos espacios donde siempre pertenecemos.

Así fue como los dos volvimos a nuestros antiguos círculos, alrededor de las personas que nos habían visto crecer por separado, pero algo sucedió esta vez que no había pasado antes, en esta ocasión coincidimos, no sólo en tiempo y espacio, sino que en emoción y experiencia; esta vez hablamos, nos entendimos, nos conocimos a pesar de los tantos años de habernos “ya conocido”.

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Platicamos de las tormentas que vivimos y cómo es que ya no volvimos a ser iguales después del desastre emocional, de cómo es que añorábamos esos ayeres donde nuestras preocupaciones eran quizás buenas calificaciones y los juguetes en navidad.

Me escuchaste llorar y también yo a ti, me hiciste reír y yo te hice bailar; todo fue tan natural, tan único y especial, que entendí el porqué a pesar de crecer en el mismo núcleo, nunca nos encontramos por completo, no estábamos listos, no era nuestro momento.

Pero hoy que hemos sufrido la derrota y las mieles de la victoria, este momento exacto donde nos encontramos reales y sin pretensiones, ahora que podemos ya ser el uno para el otro, este momento en que todos esos caminos y esas lecciones tuvieron sentido, hoy puedo gritar que una parte de mí siempre te ha amado, hoy puedes decirme al oído que esperaste tanto tiempo para poder decir sinceramente cuánto me amas…

 Y que es cierto que tú eres el chico al final de mi hilo rojo.