El miedo es una emoción adaptativa, que nos advierte de una..." /> El amor con miedo no es amor… – El Acorazado

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Publicado en marzo 16th, 2016 | by Vero Vilches

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El amor con miedo no es amor…


El miedo es una emoción adaptativa, que nos advierte de una posible amenaza o peligro, y nos prepara para la huida o para luchar. Pero cuando se relaciona con el amor, es una interferencia y está cargado de inseguridad e inadaptación. Es la reacción a un peligro inexistente, creado por nosotros. Miedo a que nos hagan daño, porque hay anticipación a lo que pueda ocurrir. Anticipación a una pérdida, por la cual, no disfrutas del presente ni de la otra persona. Un duelo anticipado que te crea insomnio y celos patológicos. Amar con miedo es sinónimo de sufrir, y no disfrutar la historia que estás viviendo. Pienso que hay dos tipos:

Está el miedo a que te vuelvan hacer daño, donde creas un escudo, creas una barrera protectora. Te escondes en un bunker y no dejas que penetre nadie sin que sea examinado de forma detallada, lo tienes claro, no volverás a confiar en cualquiera. Este miedo está diseñado para no volver a fracasar, por miedo a abrirte a alguien y que te vuelva a fallar, volver a dar amor y que no sea correspondido como deseas,  y que duela. Está claro que nadie está a salvo de intentos fallidos, del dolor, de puertas que se cierran en las narices, de ostiones al vacío, pero yo a eso le llamo vivir… Como encajar estos golpes, sólo depende de ti, si los sabes amortiguar, y los absorbes, puedes llegar a salir muy reforzado, más fuerte que nunca.

Hay que saber disfrutar de los aciertos, aprender de los errores y saber encajar los fracasos, éstos últimos pueden ser muy beneficiosos para tu futuro. Hay que ser fuerte y no tener miedo a caer. El caer y saber levantarse es ganar sabiduría, es ganar confianza en uno mismo, es ganar fuerza, es saber salir por tu propio pie de las dificultades, es la satisfacción que acarrea encaminarte sin la necesidad de nadie. Si continuas con este miedo  puede que desaproveches muchas historias bonitas, que te pierdas personas que te puedan aportar cosas positivas en tu vida. Nunca olvides que “quien no arriesga no gana”, y puede que te pierdas tu felicidad por no afrontar este miedo. Abre tu corazón y disfruta de los que te rodean.

Y por otro lado, están las personas sumamente dependientes, que hacen de sus víctimas su refugio, las hacen casa, dónde están seguras y se sienten a salvo. ¿A salvo de qué? De la soledad.  Tienen miedo a sentirse solas, a sentirse desprotegidas, sin una persona que les proporcione cariño, atención, o únicamente compañía. Cuando tienen una relación tienen miedo a perder a la persona amada para no recaer en la soledad, donde se sienten tan vacías y tan desdichadas. Este miedo a la pérdida puede crear celos. Para éstas todo el mundo puede ser su enemigo. Se pueden volver muy posesivas y controladoras. Este miedo les puede bloquear, y pueden dejar de razonar. Lo que único que conseguirán con este comportamiento es alejarla y matar la relación por asfixia.

El miedo que sienten al no querer perder a esa persona, les pueden hacer reaccionar de formas que nunca pensaban anteriormente que pudieran. Por ejemplo, personas que eran seguras y con confianza se tornan inseguras, personas que indicaban tener una personalidad fuerte ahora parecen sumisas, personas independientes que se sienten incapaces de vivir sin la otra persona. Se vuelven celosas y controladoras cuando nunca lo habían sido. Esto lo crean sus inseguridades, la idealización de la otra persona, el darle un peso desmesurado a esta relación, y darle el control de su vida a la otra persona. Su felicidad depende de cómo se siente con él o ella.

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También esta dependencia puede ser propulsada por su pareja. Cuando se crea un desequilibrio en la relación y ésta tienen el mando, esto puede crear las inseguridades en la otra persona, puede ser percibido por la otra mitad como fragilidad en la relación, y sentir ésta que quiere más de lo que la quieren. Si no se siente valorada como corresponde, como se merece, puede crearle inferioridad. Cuando se crea este vínculo de protección y dependencia, se hace imprescindible. Si no saben manejar la situación, ante estos casos,  se pueden volver  personas sumisas y les puede costar realmente ser ellas mismas. Pueden restringirse a ser como esas personas quieren que sean, pueden dejar de tener voz ni voto, viven la vida de la otra persona. Con el tiempo puede empeorar y crearse una relación cada vez menos sana y equilibrada.

En el momento que esta persona sea dejada no hará un proceso normal de duelo, habrá un dolor excesivo, porque habrá creado una relación obsesiva. Todo el universo que había organizado, todas las ilusiones puestas en esta relación y el esfuerzo se harán añicos. El proceso de cicatrización será mucho más lento pudiendo ser hasta patológico. Incluso, en los primeros instantes, puede pensar que jamás recuperará su vida, ni llegará a ser feliz con nadie más, que nadie le llenará como lo hacía él o ella, que es el amor de su vida y nadie ni nada lo podrá suplantar.

Si os sentís reflejados respirar tranquilos, aunque no lo sintáis así en este momento, es lo mejor que os podía haber pasado. Os encontrabais en una relación muy tóxica donde no eráis libres, estabais encadenadas de forma voluntaria. Haceros el favor y recuperar el tiempo perdido. Quereros, amaros y cuando aprendáis, dejaros amar. Aprender a disfrutar de la vida solos, disfrutaros y cuando elijáis a alguien, elegidlo para que os acompañe no para que os guíe. Que puedas ser tú, que podáis formar un “nosotros” sin perderos ni tú ni él.

Busca un compañero-a, no un-a guía.




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