El adiós de una confesión

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Es el momento, no importa si me lees o no, pero es necesario que te escriba. No estoy loca, ni con trago alguno en mi cabeza. Es más, estoy demasiado lúcida y consciente de estas letras, sólo con un poco de insomnio. Sin embargo, es justo hablar.

Así es, me encantas y no puedo evitarlo, sólo quiero que lo sepas, hasta tal vez ya lo sabías. En verdad, te pienso todos los días, te adueñas de mis pensamientos y nunca dije palabra alguna al respecto. Ya me cansé, me cansé de callar esto que me abruma. Con esto no busco decir que estuviese esperando un título ni nada de esas tonterías que no me interesan, ni que la vida sea una comedia rosa con el final “felices por siempre y hasta muerte”.

Es más, ni siquiera sueño con tenerte, en realidad lo único que quiero es no tenerte; es contradictorio porque no te quiero mío, pero tampoco te quiero lejos, sólo quiero una mirada, ni siquiera sé que quiero… Tal vez ya lo sé: sólo quiero decirte lo que quise… Quise caminar, conocerte más, descubrir lugares, juegos, estrellas y sonrisas, entender un poco que pasaba por esa cabeza de calabaza, simplemente caminar hasta donde nuestros caminos se dividieran, desprendida de todo.

Esto es lo que necesita mi mente, cuerpo y alma. No sabes lo que significas ni las sensaciones que generas; si no me hablas, si no me miras, si me miras, si lo dejas de hacer, es igual, tú sólo llegas, vienes y te vas.

La verdad esto no es una declaración, porque aunque pienses que soy una demente y esto te tome por sorpresa, aquí va… Ha pasado tiempo desde que te conocí, realmente no entiendo por qué te conocí, pero así fue y supe que eras alguien diferente y algo dentro de mí, se movió; y el tiempo y los instantes que compartimos, me mostraron un poco más quien eras, y ese personaje me tramó, me tramó bastante, más de lo que yo me imaginé y esperé. Pero realmente de ti no sé, sino el nombre y eso me despertaba aun más curiosidad.

Siento que no soy capaz de alejarme, perderme del universo, te he preferido a medias, aparezco de vez en cuando, intentando explicarme qué es lo que sucede, y sabes, no lo merezco, sin embargo insisto, porque el ego es calador, no deja que me aleje de ti, y ¿qué hacer? Me cuesta, me cuesta mucho, pero…

Ya no puedo esperar más tiempo a que te des cuenta, jamás pedí que esto sucediera, pero ¿qué se puede hacer? Es una lástima que no lo hayas notado, yo no esperé, espero ni esperaré nada de ti; no tienes culpa alguna, eres quien eres y fue un placer conocerte. Comprende que no me despido, porque no me puedas ofrecer nada, comprende que lo hago porque, en este momento, estamos en distintas frecuencias y tal vez, más adelante nos volvamos a encontrar, pero hoy viendo en el reloj las 4:30 am, ya no quiero cargar con esta intranquilidad.

Me encantó conocerte, buen viaje. Sonríe y sé feliz.