Dime: ¿Qué es para ti el amor?

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Me encontraba acompañado de una mujer con la cual había querido salir desde hace algún tiempo, sentados bajo una sombrilla disfrutábamos de la suave ventisca de una tarde de otoño y de una ronda de cervezas que ella había invitado, pronto la música cesó y acercándose a mí preguntó: ¿Qué es el amor? Sin entender absolutamente nada de su pregunta tomé distancia y le respondí: ¿Por qué?

Un poco sonrojada me dijo que llevaba mucho tiempo queriendo saber lo que era, un poco más tranquilo volví a acercarme y le dije que no lo sabía, que nunca me había dispuesto a definir semejante concepto y que prefería no hacer algo que hasta estos tiempos sigue pareciéndome arriesgado, insistió en que le dijera, con la promesa de que nos divertiríamos haciendo semejante ejercicio.

Pronto, la curiosidad sus palabras y la forma en que me veía detrás de sus gafas hicieron mella en mi terquedad y accedí, un tanto confundido comencé por decirle que es algo subjetivo, indefinible y muy diverso según la persona, sonrió y me dijo que podía hacer algo mejor; evadí un poco su mirada, le di un largo sorbo a mi cerveza y le dije que el amor es esa una cosa por la cual el ser humano se preocupa mucho.

Volteó tratando de disimular su molestia ante una respuesta como esa y diciéndome que dejara de evadir la respuesta, me vio con atención, supe entonces que tenía que decirle lo que ella quería, decirle lo que es el amor según yo, empresa que me resultaba complicada y conflictiva, pues toda esta cuestión la había postergado tanto que en realidad no sabía qué responder.

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Agarré la cerveza y dando un sorbo aún más largo que el anterior, la vi a los ojos, le dije que llamo amor a todas esas interacciones que poseen un valor de acuerdo a la compañía o la acción que se realice con el otro; que llamo amor a esas acciones que hacemos pensando en beneficiar o alegrar a otro y que ese beneficio o alegría nos hace sentir felices; le dije que llamo amor a todo aquello que hacemos y que no habrá de beneficiarnos.

Sonrió, recuerdo que bebió un poco de su botella de cerveza, se acercó hacía mí, mientras me regalaba un abrazo, susurró con cierta prudencia: “Demuéstramelo”… La alejé de mis brazos lo suficiente como para quedar frente a frente, quité sus gafas y luego las mías, me acerqué poco a poco y cuando besé sus labios un silencio profundo se apoderó del lugar, mientras la lluvia se hizo presente.

Pasaron varios minutos en la oscuridad de nuestros ojos cerrados, en el silencio que traen consigo millones de gotas de agua, en el gris que evocan las nubes y en el calor que guarda un beso que quiere saber si hay amor en él.