Dicen que los hombres no lloran…

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Dicen que los hombres no lloran, que no deben hacerlo porque conotan debilidad y fragilidad, yo pienso lo contrario, pienso que el llorar no es debilidad, es fortaleza, es vida, puesto que las primeras lágrimas derramadas son durante ese fenómeno llamado «parto». Pienso que el sentir tristeza debes en cuando no es tan malo, puesto que somos humanos, y que a veces es necesario expresar mediante lágrimas aquello que no queremos decir o que simplemente no sabemos cómo expresar.

Ese es el caso de un chico que un dia se sintió invencible, tan invencible que creía tener el sentimiento de no sentir nada, creía que nada le provocaría dolor, que todo lo podia mantener bajo control, y si eso es lo que el creía puesto que ya vivia asi desde hace mucho, aquel chico era un jobial humano que disfrutaba del exceso, sometiendose a la voluntad de las parrandas, el alcohol, y el reventón. Olvidándose de lo que realmente era importante… el amor. 

Solía ser conocido por esa forma de aparentar no tomarle importancia a las cosas, por ser un egocentrista, soberbio, sin embargo; nadie tenía la capacidad de mirar lo que vivía dentro de él, nadie tenía la capacidad de querer lo que es, él colocaba una barrera con sus grocerias, sarcasmos y desplantes teniendo la equivoca idea de no exponer su verdadero yo, puesto pensaba que la gente se aprovecharía de él, ¡oh valla sorpresa!, un día el intrepido sujeto conoció de cerca un sentimiento nuevo, un sentimiento que le denotaba una sensación de dolor, un sentimiento que lo destruía y lo hacía sentir peor, un sentimiento que por más que evadiera lo perseguía como su sombra, ese sentimiento lo reconoció como el adios.

 La culpa que le perseguía tras descubrir que por medio de esa barrera, de esa armadura, lastimó a  personas que en verdad lo amaban incondicionalmente,  personas que lo hacian ser mejor.

Un mal dia sin pensarlo aquella persona se marchó, y el destino le cobró mas de la cuenta, le hizó vivir dias de tristeza, tan profunda como un oceáno, Lo orilló a llenar rios de lágrimas, tenia miedo de que la tristeza lo matará, pero no era así, la tristeza solo lo torturaba con cada uno de los recuerdos, con cada uno de los «hubiera». Él tenia miedo de seguir llorando, de seguir recordando, sabia que debia dejar ir aquellas acciones del ayer, y empezar a retomar un camino que lo encomiende a hacer las cosas «bien», pero ¿como hacer las cosas bien sino sabiá que era el bien?, era un gran dilema.

 El chico lloró todas las noches durante 135 dias, por primera vez sintió una sensación de tranquilidad, puesto que desahogó cada uno de los.momentos a los cuales se esclavizó durante varios años, permitiendo entender y comprender el daño que causó.

 El joven jubiloso entendió que hacer las cosas «bien», va más allá de hacer lo.socialmente aceptable, hacer las cosas bien, es permitirse sentirse tranquilo mediante las acciones que considere la más eficaces para su crecimiento, para su aprendizaje, conoció de cerca el llanto, el dolor, y está aprendiendo sobre el perdonar y perdonarse, rompiendo tabús y miedos irracionales de acuerdo al ambiente en el que se desenvolve, permitiendo demostrarse asi la mayor prueba de amor a uno mismo… 

La independencia.