¿De qué color es el tiempo?

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Estuve escribiendo y dándome en palabras al tiempo. Estuve escribiendo para con el tiempo detenerme a reflexionar en lo que ha sido de mí; para con el tiempo ver que sigo siendo el mismo necio o que tal vez se ablandó mi carácter. Estuve intentando echar por el inodoro las cosas de la vida que me encapricho en rechazar y otras, tal vez más útiles, que busco de alguna manera asimilar.

Vino a la mente mi acostumbrada fijación en percibir los extremos negros y blancos. Pocas veces noto la presencia de unas tonalidades grises, que resultan más esperanzadoras. Es justamente esa insensatez lo que no me deja ser feliz.

Muchas veces he oído por ahí -y de distintas formas- que el tiempo se encarga de poner las cosas en su lugar. Esta idea muestra una tonalidad gris. Por un lado está lo desesperada que se hace la espera, y por el otro la efectividad del tiempo en acomodar la corriente en su debido cauce. Por ello, me parece digno el esfuerzo por asimilar la idea.

man at window thinking

Contra mi propio pesimismo me toca aceptar una realidad: sólo con el tiempo las cosas se ubican donde mejor caen, cual piezas de un rompecabezas. El tiempo es lo único que garantiza renovar la piel. Si no fuera así, no tendrían caso las experiencias de dolor porque no habría ninguna lección tras ellas. Y más allá del aprendizaje, la re-modelación de mis paredes, de mis extremidades, de mis cavidades. Cada experiencia hace brotar en el interior un nuevo capullo cada vez más hermoso, aunque abonado con lágrimas.

Asimismo, cristales que se han roto pueden -con el tiempo- volver a unirse, aunque queden residuos de pegamento que delaten el quiebre que hubo alguna vez; mi sensación de soledad será burlada por el tiempo, mi corazón devorado a dentelladas hallará la restauración y aprenderé a amarme y a ser feliz conmigo mismo.

Ahora que el miedo y el dolor se juntan para producir la tragicomedia que protagonizo, sé que no hay de otra. No hay de otra que aguardar la esperanza de que el tiempo acuda en pro de mis rasguños; de que se allegue a la herida la anestesia y que mis pies se hagan más fuertes para caminar sobre próximas piedras filosas.

¡Qué más da! Luego de la tormenta viene la calma, después de la luna llega el sol y tras el sufrimiento, se asoma triunfante la belleza convertida en una obra de arte…

Aunque un tanto corrompida… Y gris.