Como el humo de un cigarrillo…

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Me despido no porque me haya cansado de ti, al contrario, siento un dolor tras cada latido de este corazón, que te pertenece, que fue tuyo, pero que ahora sólo le pertenece a ese leve sonido que produce el viento, a ese silencio, al silencio que inspiró cada frase escrita en estos renglones.

Me despido porque no puedo ganarle a tu pasado, tal vez sea idiota por renunciar a algo gratificante, como lo es quererte, pero eres como ese cigarrillo que que se acababa mientras lo aspiraba aquel día en el parque, mientras más aspiraba tu cabello más rápido sentía que te consumías, sentía cómo le hacías daño a mis pulmones, a mi pecho, con tu humo tosía cada cadáver de mariposa sin alas que tenía atorada en el vientre mientras te ponía en mis labios; con cada aspirada, me matabas.

Aun así me encanta tu sabor y la sensación que dejas en mi garganta, ese sentimiento de tranquilidad que causas. Sabía que si te seguía aspirando me harías daño…

Si seguía poniéndote en mis labios me haría adicto a ti, a la nicotina que era el quererte.