Cambié sólo por ti… Y me asesiné

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En una relación, muchas veces cambiamos nuestra forma de ser o nuestros gustos por complacer a la pareja, y un mal día sin darnos cuenta, no reconocemos a la persona que vemos todos los días frente al espejo.

A mí me gustaba mucho salir a bailar con mis amigas, tomar un trago con ellas o con mis primos, frecuentar a viejos amigos, y de vez en cuando a ex novios que se habían convertido en buenas amistades, escuchar música ruidosa, emborracharme cuando se me antojaba, reír hasta llegar a las lágrimas de alguna tontería aunque estuviera frente a mucha gente, ser mal hablada, hacer locuras, a mí me gustaba…

Sin embargo, un mal día, sin darme cuenta dejé de hacer todo eso y más, comencé a comportarme como a él le parecía adecuado y le gustaba que fuera, y la verdadera “yo” quedó guardada en un cajón, la oculté en lo más profundo de mi ser con tal de agradarle más a él, porque pensé que era lo correcto, pues todo mundo asegura con gran vehemencia que si amas de verdad debes de cambiar, cuando lo único que estás haciendo es asesinar a tu verdadero yo, sin saber si algún día lo recuperarás.

Dejé de reír por tonterías, me alejé de mis amigas, amigos, ni qué decir de mis ex novios, hasta de mi familia… Todos los días llegaba a casa malhumorada, enojada, harta, pero no sabía porqué si pasaba la gran parte del tiempo con él, sin embargo, algo me faltaba, y tenía miedo de reconocerlo… Sí, me faltaba yo.

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Con el tiempo me fui dando cuenta que moría poco a poco la mujer que siempre había sido, cada día me desconocía más, dejé de hablar como me sentía cómoda, olvidé qué era salir de farra con mis amigas, bailar, comencé a escuchar música de su época, (la cual siempre le dije a mi papá que me parecía de viejitos), me convencí a mí misma que me gustaba lo que él escuchaba y leía, y no hay nada peor que engañarte a ti misma.

Me volví sería, amargada, mal encarada, cansada, aburrida… La mujer que estaba frente a mí en el espejo era diferente, arrugada, triste, simplemente ya no la conocía, en ese momento sólo pude llorar por la muerte de la mujer que algún día había sido, pero también me ayudó para saber que la quería de vuelta en mi vida.
A partir de entonces mi verdadera yo pedía a gritos que la sacara de ese cajón en la que la había metido desde hace varios años y comencé a tener grandes problemas con él, porque después de mucho tiempo volví a salir de fiesta con mis amigas, a tomar unas cervezas con viejos amigos, a hablar como me caracterizaba, comencé a ser yo misma de nuevo.

Fue un efecto devastador, porque inmediatamente dejé de ser atractiva para él, porque a pesar de que me costó mucho trabajo, renuncié a comportarme como él quería, pues a pesar de que sabía que le apenaba que hablara fuerte frente a personas desconocidas como si fuéramos el centro de atención de todo el mundo, ya no me importaba, volví a escuchar la música que me gustaba, a disfrutar poco a poco de mi vida, pero él no lo soportó.
Él estaba enamorado de la persona que él mismo había transformado, no de la que en verdad era, por eso no tardamos mucho tiempo en separarnos, y de cierta manera fue muy liberador, porque sabía que ya no tendría que ser alguien quien no soy.

Ha pasado el tiempo y ahora antes de volver a iniciar una nueva relación siempre pensaré primero en mí y en nadie más, porque no puedes dejar de ser tú misma solo por agradar o ser más compatible con tu pareja, porque es una manera de asesinarte a ti misma, y en el mejor de los casos la podrás traer de vuelta a la vida, pero en otros ya no se recupera nunca más, yo aún no encuentro algunos pedazos de la que fui, pero tengo esperanza de volverlos a encontrar. Por eso todos los días me miro al espejo para nunca más desconocerme.

Y tú… ¿Ya te miraste al espejo?