Ausencia en «Día de muertos»

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Hoy es primero de Noviembre y como lo dicta la tradición mexicana, hoy es el día en el que regresan nuestros seres queridos de un mundo separado del nuestro, ése que está ausente de cuerpos físicos.

Al inicio, no comprendía la magnitud de lo que esto significaba, pero hoy pasados tres años me doy cuenta de la realidad. El cambio de sus pasteles de cumpleaños por un altar de muertos. Los recuerdos de sus partidas siguen tan frescos en mi memoria como el roció de amanecer, sus partidas fueron tan abrazadoras como el frío de invierno y el llanto de mamá calaba tan hondo como el sol de medio día.

Toda pérdida es dolorosa, pero la pérdida de un ser tan cercano como ustedes fue abrumadora. Cuando un niño pierde a sus padres, queda huérfano; cuando una pareja de casados pierde al otro, queda viudo(a); pero ¿Qué nombre recibe una madre o un padre al perder un hijo?, ¿Qué nombre recibe un hijo al perder a sus hermanos? No lo sé y sinceramente hay muchas cosas que aún no logro comprender de este camino que llamamos vida, todo a mi alrededor parece un secreto por descubrir.

No hubo una despedida hacia nosotros, nunca comprendí el porqué de su decisión, ustedes murieron y nosotros aún vivimos, entre ustedes y nosotros, no sé quien se llevó la mejor parte. Tantas incógnitas pasaban por mi mente, tantas palabras que ya no escucharon, tantos abrazos que no nos dimos.

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Ya no podía distinguir entre el día o la noche, mis días se tornaban oscuros en aquel cuarto del que no quería salir, mis ojos hinchados no podían distinguir entre la luz que entraba por la ventana y la luz del foco. Las palabras que salían de las personas no eran más que ecos que se perdían en el viento. Ya no estaban más a mi lado, ¿cómo podía imaginar una vida sin ustedes? Si, hasta ahora toda mi vida la había vivido a su lado.

En medio de este atolladero de angustia encontré la fuerza para salir adelante.
Me di cuenta
de que nuestra madre no quería verme así. Algo me hizo aferrarme a la vida y al amor”   Williard Khon.

Muchas personas trataban de evitar mis lágrimas, quizá fue mi error no decir que me dejaran llorar y más grave aún fue no hacerlo. Sé que era duro verme llorar en aquel entonces para aquellos que me querían (es duro ver llorar a quienes queremos, en cualquiera que sea la situación)  llorar es bueno, para todos, lo era para mí (aún lo es). Si quieren quedarse háganlo, siéntense a mi lado y mírenme hacerlo; no es necesario que lloren a mi lado, pero por favor no me interrumpan—.

No traten de consolarme comparando mi pérdida con otras peores. Mi pena es mía e intransferible. Nadie entendía, incluso, aún no entienden y no es que no entiendan, es simplemente que todas las pérdidas son distintas para todos; todos somos diferentes. No me digan que: “fue lo mejor, porque ellas ya no sufren”, no me digan: “sé cómo te sientes”. Porque nadie lo sabía y nadie lo sabe.

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No pregunten cómo me siento, si lo que quieren escuchar es que “estoy bien”. No me pidan que deje esto atrás, que olvide y que siga con mi vida “porque ya pasó”, porque no ha pasado y no pasará. ¿Cómo olvidar a las personas que compartieron toda tu vida contigo por corta que este sea? ¿Cómo olvidarles si veo sus ojos en el rostro de mis sobrinos? Cómo olvidar a quien te enseño tanto de la vida, a quien te vio crecer y ya no lo seguirá haciendo, cómo olvidar a quien ha compartido lo mejor y peor de tu vida y que a pesar de todo siempre estaba para ti.

Esta es mi vida y a pesar del tiempo que haya transcurrido y transcurra más adelante, necesitaré hacer mi duelo. Necesito ser yo, y no necesito ni quiero olvidar, sólo encontrar una manera de recordar en paz.

Ojala fuese sabia para no llorar por aquellas perdidas que desprevenidamente tocaron a la puerta, por aquellas cosas que el mar se llevó y tapó y pueda, de verdad, prepararme para ver el brillo de las piedras que tengo y disfrute del presente eterno de cada una de ellas.

“¿Qué es el presente? Es algo relativo al pasado y al futuro. Es una cosa que existe en virtud de que existen otras cosas. Yo quiero sólo la realidad, las cosas sin presente.
No quiero incluir el tiempo en mi haber. No quiero pensar en las cosas como presentes; quiero pensar en ellas como cosas no quiero separarlas de sí mismas, tratándolas como presentes.”          

El momento en que sus ojos dejaron de brillar y su piel palideció, supe que no me vería reflejada más en ellos, en ese momento supe que nada volvería a ser igual. Un hoyo se abrió en lo más hondo de mi ser. No es que no lo pueda reparar, pero es que nadie podrá llenarlo nunca, es como una pieza de porcelana que se rompe y aunque la peguemos, los fragmentos más pequeños dejaran pequeñas aberturas que se harán visibles en las grietas.

 Aún duele, pero ya no mata; quema, pero ya no arde.