Aprendí a no querer de la manera en que te quise…

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Esperar demasiado de alguien, es el camino directo a la decepción. Lo sabía… Lo sabía y aun así me arriesgué. Supongo que esperaba que esta vez fuese distinto. Supongo simplemente que quería librarme de miedos y darte lo mejor de mí, como parecía que también querías hacerlo conmigo al principio. Qué gran error.

Ahora te miro en fotografías y me resultas un extraño, alguien a quien al parecer, jamás conocí de verdad. La atención que me brindabas me hizo creer que en realidad te importaba ¿sabes?, creí estúpidamente que tus palabras eran sinceras y que estabas interesado en mí, en nosotros.

Pero, como siempre, olvidé que no todas las personas son francas ni tienen buenas intenciones.

Amaba la manera en que me hacías sentir y el cómo me tratabas. Los pequeños detalles, caminar de la mano y cuánto cuidabas de mí, como si de un tesoro frágil se tratase. Los mensajes, las llamadas, las palabras de aliento y aquellos apodos tiernos.

 

Me gustaba el orgullo que denotaba tu rostro cuando nos veían juntos y el esfuerzo que hacías para vernos por lo menos en fines de semana. Los besos, las caricias, las miradas. Amaba tu forma de ser conmigo y amaba la manera en que yo era estando a tu lado. ¿Y qué más puedo decir? Me ilusioné… realmente me entregué a esto, a la idea de que estuvieses en mi vida y a que quisieras tenerme en la tuya.

Y es eso, quizá, lo que más detesto… Haber caído en este juego, haber dado tanto de mí a alguien cuyas intenciones no eran honestas. Cada que analizo lo que sucedió, no encuentro una verdadera razón para que te hayas alejado como lo hiciste, para que dejaras de buscarme y después decir que ya no tenías interés de mí.

 

Hice todo por arreglarlo, por mostrarte que podíamos salir adelante. Realmente di lo mejor, juro que lo hice y a ti en cambio te importó tan poco, ¿acaso no fui suficiente para ti? Ten cuando menos el valor de decírmelo.

Pero a cambio sólo obtengo tu silencio, tu indiferencia. Tu adiós jamás dicho y dejaste la puerta abierta. Y obtuve también la lección de no entregarme a personas con la boca llena de promesas, pero con el pecho completamente vacío. Aprendí a no quedarme con dudas y jamás aceptar menos de lo que sé que merezco.

Y aprendí a ya no querer de la manera en que te quise, porque es tanto lo que duele…

Y al final no vale la pena. 


Escrito por: Mayeli Tellez.