Aprende a poner límite a una decepción

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Aún no conozco a nadie que no haya sufrido algún tipo de decepción estando en una relación, ya sea formal, o informal. Esto ocurre porque no se cubren las expectativas que tenemos de esa persona y ustedes estarán muy de acuerdo conmigo; todos tenemos límites, y deberíamos informarlos, para que, ya sea que estés en una relación estable o no, no te defrauden.

Muchas veces hemos leído o nos han dicho: «No esperes nada de nadie, así, nadie te defraudará». ¡Por favor! Eso no pasa de ser palabras, la realidad es otra. En la vida real, eso es una falsedad; esperar es algo que viene natural. Estamos dentro de una relación o iniciando alguna y de inmediato decimos: ahora me voy a ir despacio o,  ésta vez no correré de prisa, pero,  no nos engañemos, ésto es imposible, siempre esperamos algo de alguien, quien sea.

Así que, cuando menos lo esperas ya estas viéndote con esa persona en un sueño dorado, casada, con tres hijos y el primogénito, varón, claro está. Bueno, hasta imaginas la casa donde van a vivir su historia de amor y  a apenas llevas unos días saliendo con esa persona, ¿miento? ¡claro que no! en otro caso, estas dentro de la relación y crees que esa persona mañana despertará y como magia, cubrirá tus expectativas y todo irá bien.

Y entonces, llega ése momento en el que comienzas a “esperar”: esperas que te pida tener una formalidad, esperas que te diga te quiero, esperas que te diga te amo, esperas que te pida matrimonio, esperas que te sea fiel, esperas recibir atención, esperas que te lea la mente (pero eso jamás sucederá), esperas, esperas, esperas y esperas eternamente… y en esa espera, te defraudan, te defraudan y te vuelven a defraudar, porque eso que tú esperaste, nunca llegará.

Es aquí donde debes esperar que pase algo, pero algo en ti, qué decidas el límite de esas esperas. Está muy bien que mantengas esperanzas en una relación, que te emociones, que sientas las etapas, que vayas despacio (si esto se puede), que te entregues, que ames, que busques una felicidad en pareja, sí, pero siempre limita tus tiempos de espera.

Mantén una relación abierta y directa en la comunicación, nunca asumas u obvies nada, eso es un error que a la larga cuesta demasiado. Si durante la relación algo no avanza, o no sucede aquello que tú necesitas, pídelo y pídelo exactamente como lo quieras, no temas. ¿Cuántas veces preferimos callarnos todo lo que hemos acumulado en la lista?, que por cierto, es una extensa lista, para no enfadar a nuestra pareja, para no vernos exigentes, intolerantes o no parecer molestos o ansiosos, “para no perder el encanto”¡miles de veces para ser exactos!

Es un error esperar algo, cualquier cosa, y no pedirlo. Cuando esto sucede, no son nuestras parejas quienes nos decepcionan; nos decepcionamos nosotros mismos. No ponemos límites en cuestiones como las siguientes: la atención en nuestras necesidades, qué tipo de relación tenemos, hacia dónde van los sentimientos, hacia dónde va la relación y, sobre todo, por estos tres últimos puntos, las relaciones pueden pasarse años enteros estancadas ¡que frustración! pero es así.

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Llevar las riendas de una relación no se trata de tú o yo, se trata de ambos. Ambos deberán avanzar en conjunto porque son un equipo. Cualquiera que trabaje, sabe perfectamente que su trabajo depende de que el otro compañero haga su parte y así todo funcione como una unidad. Así en la relación.

Aquí viene el lado malvado de esto, determinar si suceden algunas de éstas cosas: si vamos avanzando, si ya nos conformamos, si vamos a pasitos, o peor, ni siquiera lo puedes determinar. Es decir, si tú pareja te está fortaleciendo o no, si ambos saben su papel dentro de ésa relación, si tú deseas comprometerte pero él o ella no, si quieres casarte y el otro no, si al inicio de la relación eran ambos más atentos y dejaron de serlo; o aspectos no menos importantes como: si ya ha pasado máximo un mes y sigues apareciendo en su celular como “Laura amiga de Carlos”, cuando ya debería tener tú contacto hasta con foto.

Otros aspectos como: si han pasado un tiempo juntos y te enteras que aun es amigo de su “ex” (típico que suceda), o están en esa etapa donde no son ni amigos ni novios, sino más bien llevan una relación casual, pero ya existe un mayor interés en alguno o en ambos, si prometió cosas que no ha cumplido…  y muchas otras que estarán llegando ahora a tu mente. Determinar cómo y sí se cumplen todas estas cuestiones dentro de su relación, cualquiera que esta sea, es vital, para poder saber si tus expectativas aun están dentro de tus límites o ya  los sobrepasaron (generalmente ocurre esto último).

Si todo ha llegado al límite, piensa muy bien qué es lo que vas a hacer, tienes dos posibles opciones: Habla con tú pareja, olvídate de los temores, y déjale claro que límites están en riesgo. En éste punto, es importante que no disfraces las palabras, se muy claro y específico. Hazlo antes de involucrarte e invertir más tiempo, y por supuesto, corazón, o elijes lo fácil y prepárate para el caos; hazte de la vista gorda y continúa en esa eterna espera (rara vez tú pareja reaccionara sin información). Si yo fuera tú, elegiría la primera opción.

Todos merecemos una pareja que vaya de nuestra mano, al mismo paso y hacia el mismo lugar. Esperar  es algo natural, pero es tú responsabilidad expresar tus necesidades y deseos y ser fiel a tus límites. Si cumples con esto dentro de tu relación y tu pareja, aun con conocimiento, te defrauda, entonces será su culpa y debes irte; pero si no se lo comunicas y esperas que lo adivine y eventualmente te defrauda, entonces, es tú culpa y estarás defraudado por doble partida: por tu pareja y por ti.

Por favor, hazte un bien a ti mismo… Deja de mentirte reiteradamente acerca de que no vas a esperar nada de nadie y saldrás ileso de decepciones. Mejor aclara tus propios límites, infórmalos a tiempo y hazlos valer. Nadie nace con la cualidad de leer las mentes ajenas. Pon tus expectativas sobre peticiones dadas y en el mejor de los casos, recibirás lo que deseas. De lo contrario, atente a las consecuencias.

El límite a una decepción, siempre lo marcas tú… ¡Buena suerte!

Por: Laura Calderón