Amantes de la tormenta

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Te odio, ¿por qué te fuiste?; espera, te quiero… Sé que soy un caos, sé que soy difícil, sé que soy cambiante, sé que puedo ser muy desesperante, pero mi intensidad no me deja ser de otra forma, si te quiero, te amo, si me caes mal, te odio, no hay intermedios para mí y contigo todo es blanco o negro, conmigo también.

Tan distintos, tú tan real, yo tan soñadora, tan iguales, amantes de las cosas nuevas, odiando siempre la rutina. Hasta que esta rutina de quererte se enamoró de mí, esta rutina de salir de la rutina, esta rutina de un día estar y al siguiente tal vez, esta rutina de caos entre nosotros, de la que ninguno de los dos ha sabido salir; nos vamos y volvemos, no podemos estar juntos mucho tiempo, pero tampoco separados, nuestro caos nos aleja y nos acerca.

Tú, tan paciente e impulsivo; yo, tan paciente y desesperada; somos los dos polos a la vez y juntos hacemos torbellinos. Juntos somos obra de arte, pero, como el arte, el caos no nos deja en paz, odiamos la paz y por eso vivimos el caos, por eso nos enamoramos de la historia del sube y baja, del blanco y negro, del amor-odio. Juntos, podemos lograr lo que sea, juntos nada es aburrido, todo es misterio, aventura y cuando hay calma, un abrazo basta. Reconciliándonos a besos y pellizcos, peléandonos casi todo el tiempo, pero queriéndonos también.

¿Quién se imaginaría que somos una pareja explosiva? Que nos hacemos daño cuando no estamos juntos, que nos odiamos por estar lejos. Amantes de la lluvia, de las tormentas, de los remolinos, amantes de la paz de nuestros besos, de tomarnos de la mano y olvidarnos del mundo. Amantes de comernos el mundo cuando estamos juntos, de pelearnos tan fuerte y reírnos de la incoherencia, amantes de estar, de irnos.
Odiamos tanto la rutina, que nos alejamos, odiamos tanto estar lejos, que nos buscamos.

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Amantes de la paz y la guerra, amantes de estar lejos, amantes de estar tan cerca, hasta hacernos uno, amantes de los besos en la lluvia, de las caminatas en la plaza, de dormir abrazados, amantes de las peleas a gritos, de las despedidas incontables.

Amantes de la tormenta que nosotros mismos provocamos, para no aburrirnos, amantes de nosotros mismos, que de querernos no hay duda, que de terminarnos no hay opción, que de alejarnos no hay opción, que para volver no necesitamos razón.

Pues que sin locura no hay amor.