Al calor de la madrugada te pienso

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Perdón por llamarte en la madrugada, es sólo que desperté sintiendo la necesidad de escuchar tu voz, de revivir esos momentos donde al cabo de tener una pesadilla te llamaba y tú hacías de todo para que yo estuviese tranquila porque sabes que aun en la distancia tu súper poder era ese… ese de poder calmarme y controlarme, ofrecerme paz y alejar de mí la angustia.

Pero esa noche con los efectos del alcohol y la resaca, olvidé que tú ya no estabas más a mi lado, no de la forma en que siempre habías estado; ya sabes, con esa forma de amor que tanto me encantaba y a veces me empalagaba.

Ya hacía muchos meses que habíamos “decidido” partir por caminos diferentes y sí, aún después de tanto no lograba acostumbrarme a mantener alejado tu recuerdo de mi mente. Entonces fue que te llamé a las 3 de la mañana y por tu voz era seguro saber que estabas dormido, mas entonces como una bofetada repentina todo llegó a mi mente, nuestra historia, el pasado, lo que nos unía y lo que me decía que ya no había más de ello.

Colgué con sólo la satisfacción oxidada de haberte escuchado después de tantos meses, después de tanto preguntarme qué habría sido de ti, después de tanto luchar para olvidarte poquito a poquito, después de todo ese tiempo no había dejado de pensarte ni solo un día. Después de tanto el extrañarte se había vuelto parte de mi vida, de la forma en que preparaba el café pensando –dos de café y tres de azúcar– justo como a tú lo bebías, la tina con burbujas cada noche esperando a que entraras por la puerta, dormir justo en el medio de la cama abrazada a una almohada para quizás y si tenía suerte en mis sueños pareciera que a quien abrazaba fueras tú.

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Pero eso se acabó, tuve que adaptarme a la idea de que no entrarías más por esa puerta, de que si dormía en el sofá despertaría en él y no en la cama. Incluso tuve que recordar cómo quitarme el vestido después de una noche de copas, arreglar el fregadero sería sólo con un plomero, matar insectos se volvió la más dura de las guerras y aun siendo eso una tragedia, jamás superará tu ausencia, el vació que dejaste, la forma de extrañarte en silencio: sin saberte, sin mencionarte en voz alta.

Me quedé con la sonrisa estúpida el resto de la velada, no pude pensar de nuevo y con claridad en la realidad. Aunque hubieses contestado, tu corazón ya no me pertenecía, ya no era yo la causa de tu sonrisa, ya no era más “nuestra historia” ahora era simple pasado, jamás pude siquiera imaginar tu realidad,

que al contestar estarías en su cama y al colgar le hubieses llenado la espalda de besos.