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Publicado en febrero 6th, 2016 | by pato01

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Adiós mi amor…


Mentiría si dijera que no te quiero, porque la verdad es que sí lo hago, y mucho. Pero a pesar de eso, no puedo estar con alguien que no está dispuesto a dar lo mismo que yo le estoy entregando. No te pedía imposibles, sólo quería que te preocuparas más por mí. Que intentaras ser un poco más romántico, que cumplieras con las cosas que planeábamos con anticipación, que llegaras puntual a nuestras citas. Me hubiera gustado que me hicieras sentir que para ti era un placer estar conmigo y no una obligación.

Es obvio que para que una relación funcione se necesitan dos, y no estoy segura de que yo pueda continuar con esto así, sola. Estoy segura de que tú no estás dispuesto a poner la parte que te corresponde, a hacer un esfuerzo para que las cosas funcionen, para que lo nuestro funcione. Decir que no quiero volver a intentarlo sería como decir que estoy a dieta y no se me antoja un enorme pastel de chocolate.

Me duele decirte adiós, decirle adiós a lo nuestro. Me duele dejar de besar tus labios; dejar de sentir tus brazos rodeando mi cuerpo, esos abrazos que no tendré ya. Todo eso hace que me aferre a ti, que no quiera dejarte ir, pero dentro de mí sé que es lo mejor. No sé si para ti lo sea, pero al menos para mí lo es. En este tiempo que tú decidiste tomar, he sentido cómo mi corazón se aleja de ti. Cada vez te veo más lejos de mí y a pesar de que no me resigno a perderte, cada vez siento que estoy más lejos del amor que sentía por ti.

No sé si era la costumbre, el miedo a la soledad; la nostalgia por todo lo que vivimos o el amor que solía existir entre los dos, pero definitivamente ya no puedo seguir con alguien que duda de quererme. O que sólo me quiere a ratos. Perdóname si sueno un poco dramática. Perdóname por pedir más, por no conformarme con lo poco que podías o querías darme, pero ya no quiero sentirme así. Ya no quiero sentir que sólo merezco tus sobras. Ya no quiero sentir que soy tu plato de segunda mesa. Quiero ser amada con pasión, sin dudas, sin miedos y sin “tiempos”.

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Tú me pediste tiempo para entender lo que estaba sucediendo, para entender lo que ocurría contigo, pero lo peor fue que también querías saber si me amabas o no. A mí el tiempo sólo me confundió y creó un vacío entre nosotros. Un “nosotros” que cada vez siento más lejano. No puedo pedirte que no te vayas: de eso ya he tenido suficiente.

Te rogué tantas veces que te quedaras, que en algún momento perdí mi dignidad, me sentí humillada, sin rumbo, perdida. Por eso, aunque me duela, hoy quiero pedirte que no vuelvas. No importa si te arrepientes o si te das cuenta que si me amabas. ¡Ya no vuelvas! Te di cientos de oportunidades y ninguna la supiste aprovechar, así que no vuelvas a querer reconstruir lo que tú rompiste.

Es tan ilógico que en tan sólo un día lograste hacer lo que en meses de peleas no pudiste: alejarme de ti. Pero esta vez todo es diferente, esta vez he comprendido que hay cosas que no quiero en mi vida.

Gracias a ti, ahora sé qué es lo que nunca volveré a permitirle a alguien.




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