Abril.

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Puede que te hayas cansado de conocer gente que siempre te diga lo mismo. De esas que te aseguran que son diferentes, que jamás te harán daño, y en un primer momento te da miedo pero luego decides que puedes confiar. Porque sí, porque no ves motivos para que te estén engañando. Y luego pasa el tiempo, porque el tiempo es lo único que nunca se queda quieto, y vas descubriendo que quizás te esté pasando otra vez. Y cuando ocurre, te prometes de nuevo no volver.

Pero bien sabemos, tú y yo, que volverías a caer una y otra vez. Porque en tu cabeza jamás has perdido la esperanza. Y es bonito, pero a la vez dejas siempre la puerta abierta a que te destrocen por dentro.

Si yo te dijera que no pienso hacerlo, no creo que me creyeras. Aunque sea lo que siento, aunque lo piense de verdad. Porque no tienes ni idea de lo en serio que lo digo. Y, si lo supieras, quizás te daría miedo. O quizás no, pero a mí sí.

Abril se llevó malos recuerdos y devolvió algunos sueños. Para ser un mes de canciones tristes, no está tan mal. Las heridas han cicatrizado, los días lluviosos parecen menos grises. Todo es (o parece) diferente.

¿Y si lo que ves ahora no existe mañana al despertar? ¿Y si de repente despierto y ya no estás?