A veces te extraño, y a veces ya no…

0

El tiempo sigue pasando, no perdona, no olvida. El tiempo se consume y me lleva con él, y ya son menos los años, ya es menos el tiempo en que pudimos estar juntos y no fue así. Lo dejamos pasar… nos dejamos pasar.

Y miro fotos mías de hace algunos años atrás, y me veo distinta, quizá más inocente, quizá con un concepto diferente de felicidad. Tal vez comienzo a tenerle miedo al paso de los días, o a todo lo que me ha faltado hacer, a todo lo que no haré por temor o por ignorancia.

Ya no soy una niña, es cierto, pero aún me quedan años por vivir si es que la vida aún me quiere en su trayecto. Aún tengo mucho por hacer, mucho por equivocarme, mucho por crear, mucho por sentir.

Y tú, tú te transformaste en una intermitente, en alguien que está y después desaparece cuantas veces quiere. Te transformaste en un atardecer, en un recuerdo en algún momento de mi día, que pasa sin querer y después es olvidado.

Y no, eso no sucedió de la nada, creo que simplemente llega un punto en que como personas, nos acostumbramos al dolor. Nos acostumbramos tanto que ya no lo sentimos de la misma forma, está ahí, pero disfrazado de melancolía, de nostalgia pasajera.

9

Vivo como vivía desde antes de conocerte. Sonrío, me equivoco, duermo, salgo a divertirme, estudio, escribo, leo, canto, bailo, sueño… como antes de conocer qué era sufrir por amor, qué era sentirse defraudado, qué era sentir un vacío en algún cachito del alma. A veces te recuerdo, y ya no dueles, pero a veces sí.

¿Y qué sigue después? Después de sufrir recordándote, después de irte recordando menos, después de recordarte una vez al día y que a veces duelas y a veces ya no. ¿Sigue el olvido? ¿Sigue el mismo dolor inyectado con anestesia? ¿Sigue la nada…?

Quisimos ser estrellas fugaces, luchando por no caer en algún agujero negro. Quisimos ser eternos el uno para el otro, olvidando que somos mortales… simples mortales, con un inicio y un fin, como toda en la vida.

Tal vez nunca descifre el motivo verdadero de mi existencia, ni por qué elegí los caminos que seguí, ni por qué confié en las personas con quienes me topé, ni por qué me equivoque y repetí esos errores; ni por qué me enamoré de ti, que eres tan diferente a mí, que desde el inicio tenías pinta de ir por un camino distinto al mío y que no nos llevaría al mismo destino.

13

Hoy te escribo, porque quizá sea la única manera en que rescate tu recuerdo en mi mente. Te escribo porque quizá ya no hay otra manera de demostrar lo mucho que te amé y que a veces aún te amo. Te escribo porque la tristeza que nace en mi pecho cada vez que lo hago, podría ser lo más cercano a la felicidad que relucía en mí cuando estábamos juntos. Te escribo porque no quiero caer en eso que sigue después de recordarte cada vez menos en mis días, porque quiero de alguna manera que no me dejes de doler, que no te consumas y desaparezcas de mi mente, que no desaparezca lo que fuimos.

Hoy te escribo porque a veces te extraño y a veces ya no. Porque aunque no me leas, creo tontamente que lo que siento podría transmitirse en tu mente, a través de algún sueño o de algún pensamiento.

Y sí, tal vez en unos meses deje de extrañarte por completo o sólo crea que es así. Pero si hay algo eterno, podrían ser las palabras capturadas en una hoja de papel, en alguna parte de este mundo. Y esas palabras, cada vez que sean leídas, tienen una oportunidad de resucitar, tienen la oportunidad de hacer renacer sentimientos que se creían enterrados.
11

A veces te pienso, a veces ya no. A veces siento que te amo y otras veces siento que aún ni siquiera conozco el amor. Alguna vez… volveré a leer esto y sabré si tenía razón. Y permanecerás inmortal en mis letras, en alguna parte oculta de mi mente. Podré reírme y creer que fui una tonta, que debí luchar por conservarte en mi vida, o me daré las gracias porque tomé un maravilloso rumbo.

Te arriesgaste, pediste un tiempo que no estaba bajo tu control. Te aventuraste a prevalecer o convertirte en un recuerdo, y después en nada.

A veces te extraño, a veces ya no. A veces quisiera que tocaran mi puerta y fueses tú llegando de sorpresa. A veces quisiera que nuestros caminos no se volviesen a cruzar. Y ya no sé qué es lo que en mi mente ocurre, que para no olvidarte prefiero que no me dejes de doler… y lo peor de las cosas que no quieres, es que siempre terminan ocurriendo.

Escrito por: Mayeli Tellez