A ti, quien me recogió en pedazos y me devolvió entera

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Ahí me encontraba yo, en medio de esas mentiras que me rompieron la vida y esas ilusiones destrozadas que lastimaban mi alma, sin ganas de continuar, sin interés alguno por salir, sin comprender cómo quien me había hecho tan feliz, me había dado las peores amarguras.

Y me encontraste así, perturbada, insegura, temerosa y te acercaste a mí; quizá todo empezó como un simple a ver qué pasa, hasta que supiste qué me pasaba; no sé de dónde nació tu cariño hacía mí, quizá mi triste historia te conmovió. Me gusta pensar que te diste cuenta desde el principio que valía más de lo que yo misma pensaba, de cualquier manera me diste tu mano para levantarme y sin importar cuántas veces te dije no, ni cuántas más te dije sí y no lo hice, no perdiste la fe en mí.

Y así pasó el tiempo, tú lo sabes yo lo sé, volví a caer en el mismo juego, me volví a enfermar de él y aun cuando me advertiste me dijiste: «Como sea, aquí voy a estar yo pase lo que pase» y pasó lo que tenía que pasar, lo inevitable, la catástrofe, el final, pero esta vez ya no dolía tanto, esta vez mi mundo no se acababa ahora sé que porque en mi mundo ya estabas tú.

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Me acogiste en tus manos en mis peores momentos, me detuviste para no crear más conflicto, me cuidaste cuando era vulnerable, te asegurabas siempre que llegara bien a casa y así fue como te volviste mi mayor confidente, mi mejor amigo, mi otro yo. Las mañanas brillaban de manera distinta, sabía que habría un mensaje tuyo al despertar y si no fuera así, contestarías en cuanto me comunicara contigo; era sentirse libre de nuevo, confiada y segura, era poder hablar contigo de cualquier tema, ser increíblemente serios y minutos después volvernos unos niños que sólo querían jugar.

Siempre te he dicho que el tiempo es relativo y esta vez no fue la excepción, no sé cómo sucedió ni en qué momento pasó, que era inevitable vernos diario, tu sonrisa ya era igual de importante que la mía y tus problemas eran algo que resolver en prioridad para mí; sé muy bien que tampoco la pasabas bien y en tu peor momento te tendí mi mano como lo hiciste conmigo… Y qué ironías de la vida, esos golpes duros que parecían derrumbarnos, fueron los que nos hicieron fuertes juntos.

Así que esta carta es para ti, quien me amaba cuando yo no podía; a ti, mi mejor amigo, mi pareja, mi otro yo, mi angelito personal, el marco de mi sonrisa al despertar y mi mejor recuerdo al dormir. Gracias por crear en mí este amor que ahora te pertenece, el que te ganaste y el que quiero pensar que yo también me gané; a ti quien me recogió en pedazos y me devolvió entera.

Mil gracias a ti, mi mejor sorpresa, tú. Aquella promesa de que todo iba a estar bien, hagamos que cada día valga la alegría…

Y que con ella, las penas no vuelvan jamás.