¿A qué le temes?

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Inicialmente no ibas a poder acompañarme al concierto al cual te había invitado desde hace una semana. En un principio a los dos nos engañaron, pensamos que iba a ser hasta la próxima semana, pero pues nos sorprendieron con los boletos y en ellos estaba la fecha del concierto: hoy.

Me preocupé, porque sabía que para ti era un poco complicado el viajar antes de regresar a la universidad, ya que de ella la distancia era mucho menor hacia mi ciudad en donde se presentaría el espectáculo. Así que me dijiste que tenías que pensarlo, pues no quedaba en tus manos esa decisión. Te dije que estaba bien, que si realmente no podías que me dijeras con toda confianza, pues entendía que la fecha no fue la propuesta en un principio.

Te pedí de favor que si me podrías avisar dos días antes de la fecha de presentación, ya que si tu no llegarías a ser mi pareja tendría que invitar a algún amigo, pues el boleto ya estaba comprado. No me contestaste, no me dijiste ni sí ni no. Fue hasta el día siguiente que me dijiste que lo habías consultado con tu mamá. Al final me dijiste que no se podría, porque habían salido algunos gastos con los cuales no contaban. Después me dijiste que ni siquiera contabas con el pago de inscripción.

En fin, el mismo día del concierto recibo una llamada tuya a las 6:30 de la mañana, me dijiste que entregarías papeles en la universidad, así que estarías más cerca de mi ciudad. Te propuse que vinieras, aunque la verdad pensé que dirías que no, pero aún así lo intenté. Me dijiste que sí, que te iba a dar mucha pena quedarte en mi casa, es decir, con mi familia, pero eso ya al final no importaría.

Llegaste primero a donde se encuentra la universidad, fuiste a entregar papeles, a dejar una maleta, para que después tomaras el camión hacia mi ciudad. Todo iba perfecto hasta que me mandaste un mensaje: No encuentro mi hoja de liberación de servicio social. No me preocupé demasiado, sabemos que es un documento importante para la inscripción, por lo cual debería de estar por ahí.

Después de un rato me dijiste que no lo encontrabas y eso significaba que debías pagar la multa, y por ese dinero que perderías ya no sería posible venir a mi ciudad. Me molesté, te di opciones diferentes, ninguna se te hizo viable. Ya no ibas a venir.

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Después me dijiste que te quedarías todo el día allá porque era posible que un amigo tuyo tuviera dicho documento, y volví a proponerte que vinieras, pues sinceramente no había encontrado a quién darle el boleto. Lo pensaste y me dijiste que sí, que sí querías verme, que mandarías todo al demonio por venir a pasar tiempo conmigo... Y bueno, una vez más, me ilusionaste. Me ilusionaste porque al poco tiempo me cancelaste, me dijiste que ya era muy tarde y que no llegarías a tiempo, cosa que, absolutamente, era una tontería.

Me cansé, te dije que si ya habías tomado la decisión de regresarte a tu casa, que estaba bien. Me dijiste que no sabías lo que hacías, pues estabas un tanto asustado, no sabías que era exactamente lo que te ponía de esa manera, pues el simple hecho de pensar que estarías conmigo te hacía retroceder en tantas palabras que habías dicho con anterioridad.

No sé, es difícil tratar de comprenderte, quiero hacerlo, te dije que quería estar contigo, porque pareciera que no lo supieras, y que realmente estaba ya cansada porque yo daba todo de verdad para que pudiese pasar algo. Así que te lo pedí:  No me digas lo que harás, sólo hazlo, por favor, que ya estoy en las últimas.

Esperemos que funcione.