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Publicado en marzo 8th, 2016 | by Vero Vilches

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A mi “yo” del pasado…

A mi “yo” del pasado… lo envidio, envidio su forma de concebir
el amor. Esa ilusión por enamorarse por primera vez, por sentir y vivir lo que
nos venden como único e indestructible. Ese amor puro, inocente y romántico. Recuerdo cuando
mi lema era “all you need is love” y por este me regía. Vivía embelesada de mi
amor platónico, mi único objetivo era conquistarlo y que se enamorara de mí.
Sufría a escondidas por no tenerlo y me emocionaba cada vez que lo veía. Soñaba
día tras día el momento en que me declaraba y el me daba un “sí”, pero por desgracia
o por suerte esto nunca ocurrió. Recuerdo llorar y emocionarme escuchando
canciones románticas, canciones que me llegaban al alma, y me hacían recordar a
esa persona.

Por aquel tiempo creía que siempre iba a ser así de
enamoradiza, de anteponer el amor a cualquier otra cosa, y dónde las películas de
amor fueran mi  guía en la vida. No sé en
que momento todo esto desapareció, no sé si es bueno o es malo que me haya
vuelto más fría, o digámosle más realista. Claro que sigo viendo películas de
amor, pero ya no son lo mismo, ya no me siento reflejada, ya no siento que
puedo ser la protagonista. Me da pena que estas pequeñas cosas no me emocionen
como antes, que mi corazón con el tiempo se haya hecho más duro, más insensible.

Está claro que los años y las experiencias no pasan en balde,
todo deja huella. Las relaciones que no han funcionado, que nos han hecho
sufrir, las pérdidas,  nos han hecho más
fuertes, pero a la vez más precavidos. No queremos volver a pasar por ese
sufrimiento, en cada asalto vamos perdiendo cachitos de nuestro corazón y nos
hacemos cada vez más de piedra, más racionales. Nos creamos escudos, y
cambiamos nuestra forma de abrirnos al amor, de disfrutarlo. Por desgracia cada
desilusión nos hace perder la esperanza de llegar a tener una relación que nos
parezca ideal. Es necesario quitarse el miedo a fracasar, a que te vuelvan a
hacer daño para disfrutar de la otra persona, para ser realmente tú. Hay que ir
con el pensamiento que puede que vuelva a pasar, pero sabiendo que encajarás
mejor el golpe, porque ya sabes de qué trata, aunque cada relación es
totalmente distinta, sabes de sobras que nadie muere de amor, que nadie es tan
imprescindible en tu vida como lo eres tú. Nunca te pierdas a ti mismo por el
camino.

Mi “yo” del ayer no creo que me reconociera por la forma de
concebir el amor ahora. Ahora siento que puedo vivir sin ese amor romántico,
que puedo ser feliz incluso sin amor. Valoro mucho el tiempo que me dedico a mí,
cuido por igual mi amor propio que el amor por los demás  y me encantan mis momentos de soledad. He
aprendido que en esta vida viajamos solos y que nosotros elegimos quien nos
acompaña, pero esta persona no nos debe desviar de éste, sino caminar junto a
ti de la mano.

Antes sólo buscaba príncipes que me pudieran bajar la luna,
y me hicieran feliz, carecía de información sobre lo que era el amor, sobre cómo
eran y se mantenían las relaciones. Ahora me da igual si es ella o él, mientras
sea un amor sano, una relación equilibrada, más bien racional y que no me haga
perder el norte. Donde siempre haya ilusión, me sienta feliz, me sienta
comprendida, valorada y apoyada. Le pido perdón a mi “yo” por destrozar lo que
con tanta cura había creado, esas infinitas ganas por amar y sentirse amada,
sin barreras, sin prejuicios, le digo que me hizo muy feliz y que aunque ahora
sea diferente sé que algo de aquello, en el fondo, me queda.

Recuerdo que cada día me gustaba un chico diferente, me
ilusionaba fácilmente, tenía amor para todos. Con los años nos volvemos más
exigentes, sabemos lo que vamos a tolerar en nuestro compañero y lo que no,
vamos detallando el perfil de nuestra persona “10” a base de nuestras
relaciones y de lo que valoramos y concluimos de cada una de ellas. Nos
volvemos intransigentes, y al conocer a alguien si hay algo que no nos encaja en nuestro perfil descartamos rápido. No nos paramos a conocerle, ni esperamos
que nos sorprenda, no intentamos que funcione, nos guiamos por nuestro
instinto, y pensamos “con nuestra edad ya no estamos para perder el tiempo”. Examino
este concepto y el de mi “yo” del pasado y son tan distantes, tan diferentes… Jamás
hubiera pensado que no lucharía por amor, que no lucharía por una persona que
de entrada me había gustado. Fríamente pienso que ninguno de los dos extremos
son buenos, deberíamos estar en un intermedio. Creo  que hay que tener el corazón abierto, dar
amor para recibir, dar oportunidades aunque de entrada parezca que vaya a ser
difícil e intentar no descartar sin intentar conocer antes a la persona. El
camino fácil es no complicarse la vida, igual por esto pierdes la oportunidad
de conocer a una persona increíble y por qué no, el amor de tu vida. No vayas a
descartar a tu príncipe sin darte cuenta.


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