¿A los cuántos días se acordará de que existo?

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Mi relación contigo no es una muy normal, por lo menos no ahora. Hubo un tiempo donde lo fuimos todo pese a la distancia, pasábamos horas hablando de cualquier tema por extraño o aburrido que para otros pareciera, podíamos jugar, pelear, bromear, cantar y decir tonterías sin fin durante horas.

Por ese tiempo decidimos que ser todo era lo correcto, pues estábamos casi conectados. Uno sabía que pensaba el otro, sabíamos qué decir en cada momento de silencio incómodo, los puntos débiles, cómo hacer enojar y sonreír al otro. En verdad éramos como uno solo, tanto que a veces dudaba que no fuéramos uno  en lugar de dos. Estábamos formados de esas pequeñas cosas tan simples pero tan complejas a la vez.

Recuerdo que también hubo otro tiempo donde nos convertimos en dos extraños, fueron días duros por lo menos para mí. Esos días se tornaron en semanas, en meses, muchos meses en realidad.  Por lo menos yo dejé de saber por completo de ti, y no por nada, pero siempre con la duda del “¿cómo estará?”

De ser todo pasamos a ser nada. Nada en común me refiero. Al menos yo te extrañaba, compañías tan amenas como la tuya siempre me han sido difíciles de encontrar.  ¿Sabes? fue un tiempo oscuro, pues aunque el cielo se pintaba de colores yo permanecía en escala gris, pensándote, recordándote, imaginándote de una manera tan constante como el mismo respirar.

Durante ese tiempo aprendí de los errores que ambos cometimos entre tanta miel, aprendí incluso a amar lo que nos hace diferentes. Podrías pensar que es demasiado tarde y quizás lo sea, pero hoy entiendo algo que
antes no, éramos demasiado jóvenes, demasiado estúpidos, demasiado entusiastas. Teníamos demasiado de todo, pero tener todo eso no basta, hay que saber encausarlo y ni tú ni yo supimos eso, nunca nos dimos cuenta y creo que aunque quizás lo hicimos, no nos importó.

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Y pasamos tanto… y sufrimos otro tanto; todo para volver a encontrarnos como viejos amigos.

Si te soy sincera, al principio me revolvió un tanto las entrañas, no  esperaba volver a saber de ti, pero te apareciste, y en realidad me dio gusto verte bien. El dolor que acompañaba los recuerdos había desaparecido y yo ni siquiera había notado cuánto había pasado. Me acostumbré tanto a la neutralidad que ni siquiera notaba cambios progresivos como ese, hasta que apareciste frente a mí.

Volvimos a hablar como siempre, como nunca, como todo y como nada. Esa sensación seguía aquí, pero esta vez sin una etiqueta,. Sabía que no éramos algo, pero también me di cuenta de que la conexión seguía ahí, a pesar del tiempo, de los fracasos, de la distancia, de los años perdidos, de las nuevas relaciones en tu vida y en la mía, a pesar de todo estábamos ahí, sin saber qué decir pero diciendo tanto.

Aún en ocasiones me sentía como en las bromas de antes, en las preocupaciones e inclusive en los berrinches; es más, hasta en los malentendidos y los corajes. Sabía que eso se sentía como estar en el pasado, sí, en nuestro pasado. También me he preguntado qué es lo que piensas sobre esto, en si te acuerdas de que existo de la manera en que existes para mí, en si crees que coincidimos en espacio y tiempo porque sí, si tu realidad es la mía.

¿En qué sueñas cuando te vas? ¿en  quién piensas cuando sonríes? ¿en donde habitas y si eres verdad?

¿El pasado existió realmente o existió sólo en mi irrealidad?…

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